La evolución del Congreso de los Diputados de España

Así ha cambiado la composición del Congreso de los Diputados en democracia

El bipartidismo y los nacionalismos periféricos han definido la composición del Congreso de los Diputados de España en democracia
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En los últimos años la política española se ha asociado con la inestabilidad. Algunos se atrevieron a compararla incluso con la trama de ficciones como ‘Juego de Tronos’, cuyo libro regaló el antiguo líder de Podemos Pablo Iglesias al rey Felipe VI en 2015. Sin embargo, la evolución de las legislaturas durante la democracia dibuja un panorama mucho más estable. Desde la celebración de las primeras elecciones democráticas en 1977, la composición del Congreso de los Diputados se ha caracterizado por el dominio del bipartidismo y el voto constante a los nacionalismos periféricos. Esta composición se ha visto reforzada además por un sistema electoral que premia el voto a los grandes partidos en las circunscripciones más pequeñas, lo que perjudica a las formaciones minoritarias de ámbito nacional.

Gracias a ello, el bipartidismo ocupó más del 80% de los 350 escaños del Congreso entre 1977 y 2016. Los primeros partidos hegemónicos de la democracia fueron la Unión de Centro Democrático (UCD) en el centroderecha y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el centroizquierda. Sin embargo, las elecciones de 1982 reconfiguraron el sistema de partidos español. El PSOE cosechó la primera mayoría absoluta de la democracia a costa de la UCD, que se desintegró entre divisiones internas. Su lugar lo ocupó la conservadora Alianza Popular de Manuel Fraga, que en 1990 se refundó con el nombre de Partido Popular (PP) bajo el liderazgo de José María Aznar.

Desde entonces, la política española ha estado dominada por dos formaciones que han acaparado el voto de izquierda y derecha y han tenido en el centro su particular campo de batalla. En los comicios de 2008, PP y PSOE se hicieron con el 92% de la composición del Congreso de los Diputados, un récord histórico. Pero todo cambió en 2015: las elecciones de ese año, tras años de crisis y austeridad, marcaron un punto de inflexión en la joven democracia española y dieron al traste con el modelo bipartidista que había predominado durante décadas.

Nuevas formaciones como Podemos, de izquierdas, y Ciudadanos, de centro, irrumpieron en el hemiciclo canalizando el descontento social que había generado la debacle económica de 2008 y la corrupción de los grandes partidos. La fragmentación del hemiciclo se agudizó todavía más en 2019 con la aparición del partido ultraderechista Vox, lo que dejó al binomio PP-PSOE en mínimos históricos —54% de los escaños—. La consolidación del nuevo sistema multipartidista propició la formación del primer Gobierno de coalición de la democracia española en 2020, compuesto por el PSOE y Unidas Podemos.

Desde entonces, el bipartidismo ha evolucionado hacia una competencia entre dos bloques ideológicamente opuestos y estancos, y aquel centro que pareció resucitar con la llegada de Ciudadanos prácticamente desapareció con la polarización del Congreso. A pesar de ello, las últimas elecciones de julio han reflejado un realineamiento de los votantes en torno a los dos grandes partidos: en la derecha, el PP ha absorbido a Ciudadanos y ha crecido en detrimento de Vox, mientras que el PSOE ha incrementado su distancia en la izquierda con Sumar, la nueva coalición progresista liderada por Yolanda Díaz.

Así se reparten los diputados en España

La presencia de los partidos nacionalistas y regionalistas en la composición del Congreso de los Diputados ha sido otra de las tendencias imperantes en la política española desde 1977. Pese a representar en torno al 10% de los escaños en la cámara baja, estas formaciones han resultado decisivas en la composición de los distintos Gobiernos, especialmente en el caso de los nacionalistas vascos y catalanes. Durante las décadas de alternancia entre el PSOE y el PP, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y la formación catalana Convergència i Unió (CiU) fueron las fuerzas políticas que decantaron las investiduras a cambio de mayores concesiones de autonomía por parte de Madrid.

Las dos formaciones, ambas de centroderecha, monopolizaron el voto nacionalista hasta 2008, cuando partidos de izquierdas con programas soberanistas empezaron a disputarles la hegemonía. En Cataluña, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) aprovechó los escándalos de corrupción de CiU y su giro hacia el independentismo para penetrar entre el electorado nacionalista. Mientras tanto, en el País Vasco, Euskal Herria Bildu se ha convertido en la fuerza más votada de las últimas elecciones. La izquierda abertzale, que durante décadas estuvo aislada por ser el brazo político de la banda terrorista ETA, ha usado sus pactos con el actual Ejecutivo español para posicionarse como el nuevo representante de los intereses vascos en Madrid.

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