Cuando pensamos en los bancos más importantes del mundo, solemos torcer la vista hacia Estados Unidos. Allí, marcas como JP Morgan Chase, Bank of America, Citigroup o Wells Fargo disfrutan de fama mundial, y sus resultados económicos son seguidos con atención desde todos los rincones del planeta. Pocos saben, sin embargo, que los cuatro grandes dominadores de la banca internacional no se encuentra en suelo estadounidense, sino en Asia. Concretamente, en China.
El Industrial & Commercial Bank of China, el China Construction Bank, el Agricultural Bank of China y el Bank of China son las entidades bancarias más grandes del mundo por número de activos, según los datos de la consultora S&P Global de 2022. De hecho, China es el país que aporta un mayor número de sucursales a la lista de los cien bancos más importantes del mundo: cuenta con un total de 19, siete más que Estados Unidos.
Y si ampliamos la selección a toda Asia, el continente vuelve a ser el que tiene más representación con 41 marcas, por delante de los 37 de Europa y los 18 de Estados Unidos y Canadá. Japón, con ocho aportaciones, es otro actor asiático destacado.
El vertiginoso crecimiento económico de China se ha cimentado sobre la explosión demográfica y la transformación de las instituciones públicas hasta alcanzar una economía de mercado, donde sus bancos especializados juegan un papel clave.
A principios de los ochenta Pekín comenzó a liberalizar el sector y permitió que diversas bancas de propiedad estatal pudieran aceptar depósitos y realizar operaciones financieras, un derecho hasta entonces reservado para el People’s Bank of China, y pronto estos nuevos agentes se convirtieron en el sostén de la industria china.
Y aunque el mercado interno concentra la mayor parte de su actividad, la banca del gigante asiático también ha expandido sus negocios en el extranjero a una gran velocidad. Concretamente, los bancos chinos prestan dinero a 135 de 143 economías emergentes y en desarrollo, de las cuales hasta 63 tienen en estas entidades a su principal financiador.
El modelo de negocio del sector bancario chino es además muy distinto al occidental: el rápido aumento del PIB del país, que llegó a crecer al 14% en 2007, disparó la demanda de préstamos y los bancos no tuvieron que adentrarse en inversiones que deben ser mantenidas hasta su vencimiento ―como bonos del Estado―, cosa que sí tuvieron que hacer sucursales de regiones con un crecimiento más discreto. Ese tipo de activos son precisamente los que se han visto más afectados por la inflación.
En este sentido, los principales bancos de Japón, como Mitsubishi UFJ, Sumitomo Mitsui y Japan Post Bank, se vieron arrastrados por la crisis que generó la quiebra del Silicon Valley Bank y el Signature Bank en Estados Unidos.
China, por el contrario, salió indemne del shock y está inmersa en una lucha económica transversalmente distinta: tras varios años de política de covid cero, sus preocupaciones están centradas el fantasma de la deflación y la crisis del mercado inmobiliario, de forma que sus últimas medidas se dirigen a dinamizar la economía y no a congelarla.
