El cobalto ha sido un mineral relativamente ignorado hasta hace poco tiempo. Siempre ha tenido valor en la industria o incluso en la alimentación, pero su importancia ha crecido a pasos agigantados desde que se emplea en la fabricación de baterías de litio, un componente fundamental de muchos de los dispositivos que usamos en nuestro día a día, desde el móvil al ordenador, pasando por los vehículos eléctricos. Sin embargo, las reservas de cobalto son limitadas, por lo que los principales fabricantes de baterías, sabedores del boom que se avecina, se han lanzado a la captura del cobalto como osos antes de hibernar para ser los mejor colocados cuando llegue la escasez.

Gracias a esta nueva demanda, el precio del cobalto no ha hecho más que subir, y todo apunta a que seguirá siendo así. Si a principios de 2017 una tonelada valía 32.000 dólares estadounidenses, hoy en día su precio supera los 80.000, entre dos y tres veces más. Es el oro azul del siglo XXI; todo el mundo lo quiere y lo necesita. Pero ¿de dónde procede?
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