La lucha por el cobalto, clave en el futuro del transporte

Hace años que la viabilidad del vehículo convencional, a combustión, está en entredicho debido a la escasez del petróleo y a sus altos niveles de contaminación, especialmente en las grandes ciudades. A la industria del automóvil, una de las más importantes a nivel mundial, no le queda otra que adaptarse a un futuro que ya está aquí para quedarse: el vehículo eléctrico. Pero este tampoco está exento de críticas, y uno de sus problemas más importantes es el cobalto.
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La lucha por el cobalto, clave en el futuro del transporte
Coche eléctrico en proceso de carga en Budapest. Fuente: Albert Lugosi

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El cobalto ha sido un mineral relativamente ignorado hasta hace poco tiempo. Siempre ha tenido valor en la industria o incluso en la alimentación, pero su importancia ha crecido a pasos agigantados desde que se emplea en la fabricación de baterías de litio, un componente fundamental de muchos de los dispositivos que usamos en nuestro día a día, desde el móvil al ordenador, pasando por los vehículos eléctricos. Sin embargo, las reservas de cobalto son limitadas, por lo que los principales fabricantes de baterías, sabedores del boom que se avecina, se han lanzado a la captura del cobalto como osos antes de hibernar para ser los mejor colocados cuando llegue la escasez.
Evolución del uso del cobalto. Fuente: Global Energy Metals
Gracias a esta nueva demanda, el precio del cobalto no ha hecho más que subir, y todo apunta a que seguirá siendo así. Si a principios de 2017 una tonelada valía 32.000 dólares estadounidenses, hoy en día su precio supera los 80.000, entre dos y tres veces más. Es el oro azul del siglo XXI; todo el mundo lo quiere y lo necesita. Pero ¿de dónde procede?
Actualmente, alrededor del 60% de la producción mundial de cobalto se concentra en un solo país: la República Democrática del Congo (RDC), uno de los países con mayor tasa de pobreza del mundo. Con una producción anual de 64.000 toneladas en 2017 —a años luz del segundo, Rusia, con 5.600—, uno podría pensar que hay riqueza suficiente para aliviar bastante la situación del país, pero la realidad es completamente diferente. Porque no importa donde esté el cobalto, sino quién lo controla. Y, en este caso, el negocio se lo reparten entre algunas de las principales mineras del mundo, los fabricantes de baterías y las empresas que compran las baterías, además del propio Gobierno congoleño. La RDC es uno de los países más convulsos del mundo, envuelto en un conflicto latente que no parece entorpecer —más bien lo contrario— el acceso a los preciados minerales.
Para ampliar: “La maldición de Zaire”, Ferna...

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Luis Martínez

Burgos, 1994. Graduado en Relaciones Internacionales por la URJC y máster en Antropología de Orientación Pública por la UAM. Interesado en descubrir las verdaderas causas de los problemas de nuestro tiempo.