Los lobbies en la Unión Europea: un reto pendiente

La Comisión Von der Leyen ha echado a andar y entre sus retos pendientes heredados de la era Juncker sobresale uno que, a pesar de las demandas del Parlamento Europeo, sigue poniendo en entredicho la transparencia de las instituciones comunitarias: la regulación de los lobbies presentes en Bruselas. En la actualidad, son casi 12.000 los grupos de presión inscritos en el registro de transparencia de la UE, pero la voluntariedad del mismo oscurece la rendición de cuentas de una actividad que en 2018 supuso 1.500 millones de euros.
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Los lobbies en la Unión Europea: un reto pendiente
Protesta contra el TTIP en Bruselas en septiembre de 2016. Fuente: Wikipedia

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Las oficinas de Volkswagen en Bruselas están justo enfrente del edificio Berlaymont, la emblemática sede de la Comisión Europea. En 2015, el Dieselgate, el escándalo de los motores trucados para ocultar altos niveles de emisiones, evidenció que la cercanía entre Volkswagen y los dirigentes europeos no era únicamente física. La escasa regulación que existía y la tímida respuesta de la Comisión al respecto, que llegó incluso a aumentar los límites de emisiones en 2016, eran muestras del poder del lobby automovilístico en Europa.

Sin embargo, más allá del ejemplo del Dieselgate, la realidad es que el cabildeo no tiene por qué atender únicamente a intereses empresariales: las organizaciones, desde compañías privadas hasta ONG o asociaciones de vecinos, utilizan esta herramienta propia de cualquier democracia para elevar sus demandas y preocupaciones a los representantes del pueblo. La polémica tiene lugar cuando, efectivamente, los Gobiernos prestan una mayor atención a las grandes empresas, relegando a un segundo plano a las organizaciones de la sociedad civil. O cuando las puertas abiertas se tornan giratorias y altos cargos públicos acaban en puestos directivos de compañías o consultoras.

En este contexto, la Unión Europea, como gran máquina legislativa, es un terreno muy jugoso para los grupos de presión. Y, a pesar de sus esfuerzos en materia de transparencia y rendición de cuentas, no ha podido evitar que la capacidad de influencia de estos aumente con los años. De hecho, de la Comisión a la que dio relevo el equipo de Jean-Claude Juncker en 2014, hasta 15 excomisarios —de un total de 27— trabajan hoy para lobbies presentes en Bruselas, incluyendo el propio expresidente, Durão Barroso. En el Parlamento Europeo, los casos ascienden a 51 eurodiputados que, tras la legislatura de 2014, se pasaron al otro lado del tablero.

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Álvaro Merino

Ciudad Real, 1996. Datos y visualización en El Orden Mundial. Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización (Unidad Editorial y URJC). Interesado en temas sociales (migración) y Unión Europea.