Las otras Rutas de la Seda de Occidente para competir con el megaproyecto de China

El G7 y la Unión Europea han lanzado dos estrategias de inversión en infraestructura que pretenden rivalizar con la Nueva Ruta de la Seda china en el mundo en desarrollo. Sin embargo, movilizar capital privado y coordinar de manera efectiva los proyectos pueden dificultar el éxito de estas nuevas iniciativas.
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Las otras Rutas de la Seda de Occidente para competir con el megaproyecto de China

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Desde que el presidente Xi Jinping anunciara en 2013 la Nueva Ruta de la Seda, China ha invertido entre 50.000 y 100.000 millones de dólares al año en carreteras, vías de tren, centrales de energía, puertos e infraestructura digital en más de sesenta países. Pekín ha visto en la brecha de inversión en infraestructura de cuarenta billones de dólares una oportunidad para influir sobre las cadenas de producción y las relaciones comerciales con fines geopolíticos. A raíz de la pandemia, el gigante asiático ha explotado su dominio sobre cadenas de suministro para ganar influencia y favores donando material sanitario y vacunas a países en desarrollo. También ha empezado a sacar partido de sus relaciones comerciales, por ejemplo, imponiendo aranceles a una serie de productos australianos después que Canberra pidiera una investigación independiente sobre los orígenes de la covid-19.

Mientras China está cada vez más dispuesta a usar su poder económico para influir en otros países, las potencias occidentales han tratado de crear, con poco éxito, iniciativas de inversión en infraestructura equivalentes a la Nueva Ruta de la Seda. Estas alternativas, desde la Blue Dot Network estadounidense a la EU-China Connectivity Platform de la Unión Europea, no han llegado a implementarse por completo ni a ganar tracción en los países en desarrollo.

Sin embargo, la tendencia podría estar cambiando. Este año, tanto Estados Unidos como la Unión Europea han lanzado respectivamente Build Back Better World (B3W), que incluye al G7, y Global Gateway, dos iniciativas que pretenden ofrecer una alternativa verde, transparente y sostenible a la Nueva Ruta de la Seda. Ambas pretenden ponerse en marcha a principios de 2022 y, de conseguir suficiente apoyo financiero y político, podrían cumplir su objetivo frente al proyecto estrella de Xi Jinping.

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Marta Granados

Barcelona, 1999. Diplomacia multilateral y política tecnológica. Cursa un máster en Servicio Exterior en Georgetown University, con especialización en Ciencia, Tecnología y Asuntos Internacionales. Graduada en Relaciones Internacionales y Asuntos Humanitarios en Fordham University.