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La guerra comercial se desató en julio después de que Tokio impusiera restricciones a la exportación de tres compuestos químicos clave para la producción de semiconductores y pantallas electrónicas. Sin embargo, el trasfondo de lo que parecería una mera disputa comercial reside en agravios históricos que datan de la ocupación nipona en la península coreana durante la primera mitad del siglo XX. Japón ha escudado su decisión de restringir la venta de estos bienes estratégicos en el débil control que su vecino realiza sobre sus exportaciones. Teme que estos químicos estén siendo desviados para usos militares y que puedan acabar en países bajo sanciones internacionales como Corea del Norte.
Se trata, a pesar del discurso oficial de Tokio, de una represalia contra Corea del Sur por volver a sacar a la luz la cuestión de las mujeres de consuelo. Este término es el nombre eufemístico con el que se conoce a las mujeres forzadas a convertirse en esclavas sexuales para el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. El año pasado la corte suprema surcoreana sentenció a numerosas empresas niponas a compensar a una decena de antiguas mujeres de consuelo, víctimas del trabajos forzados o a sus familias. Tal decisión causó indignación entre las autoridades de Tokio, que consideraban el asunto resuelto tras los acuerdos de 1965 y de 2015. El primero trajo la normalización de las relaciones diplomáticas y conllevó el pago de 500 millones de dólares en ayuda financiera y préstamos; con el segundo, Japón financió una fundación para asistir a las casi dos docenas de mujeres de consuelo que por aquel entonces quedaban con vida. Sin embargo, Corea del Sur considera que tales acuerdos no supusieron ni una compensación directa para los afectados ni una disculpa formal del Gobierno, pues las reiteradas disculpas niponas evitan reconocer la responsabilidad del Estado japonés en el establecimiento de un sistema de esclavitud sexual.
Para ampliar: "Las mujeres de consuelo y la lucha p...
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