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El pasado 12 de junio, cientos de personas se concentraron en la sede del Comité Olímpico Internacional (COI) en Lausana, Suiza, para pedir la expulsión de Israel de los Juegos Olímpicos de París 2024. Su reclamo se sumaba a la petición de veto que hicieron más de trescientos clubes palestinos en enero después de que los bombardeos israelíes en Gaza destruyeran la oficina del Comité Olímpico Palestino y asesinaran al entrenador del equipo olímpico palestino de fútbol masculino. Pese a ello, el presidente del COI, Thomas Bach, garantizó en marzo la participación de Israel en los Juegos.
Las disputas en torno a la presencia israelí en París es el último episodio de un conflicto que ha marcado la historia olímpica. Lejos de promover el espíritu olímpico de concordia, los Juegos han sido uno de los principales campos de batalla entre Israel y Palestina. Durante décadas, ambos han usado el deporte como herramienta política para obtener reconocimiento internacional. Sin embargo, las Olimpiadas también han sido escenario de vetos cruzados, protestas públicas e incluso atentados terroristas.
Boicot y terrorismo
Los boicots a Israel en el deporte no son nuevos. Los países árabes utilizaron las competiciones deportivas para aislar al Estado israelí, que había declarado su independencia en 1948. Un ejemplo fueron los Juegos Mediterráneos, una variante regional de las Olimpiadas creada en 1951. Pese a pertenecer a la cuenca mediterránea, los países árabes han vetado la incorporación de Israel hasta hoy. De hecho, es el único país mediterráneo junto con Palestina que no forma parte de este certamen. Su boicot lo encabezó Egipto, que lideró la coalición de países árabes contra Israel en la primera guerra árabe-israelí de 1948-49. Otro problema para los israelíes era la cercanía del mundo árabe con la Unión Soviética. En plena Guerra Fría, las relaciones entre Moscú y la Liga Árabe dificultaban cualquier vínculo de Israel con los países del bloque comunista.
Sin embargo, la oposic...
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