En Irán hay un problema de identidad nacional. Mientras que las identidades persa e iraní hunden sus raíces en siglos de historia, el nacionalismo iraní surgió en la primera mitad del siglo XX como respuesta a la creciente hegemonía europea en Oriente Próximo. Hoy en día la población está descontenta por la crisis económica y la guerra. Frente a ello, la República Islámica intenta compaginar una identidad nacional más allá de la religión y un nacionalismo que no cuestione o ensombrezca la primacía religiosa en el régimen.
En manos de la dinastía Pahlaví (1925-1979), un nacionalismo secular basado en la lengua, la cultura y la continuidad histórica de los persas fue una herramienta útil para centralizar el poder y modernizar el país. En 1979, la Revolución islámica lo sustituyó por un chiismo politizado para cohesionar y movilizar a las masas. Para los revolucionarios, el nacionalismo era un invento europeo para dividir a los musulmanes: más que Irán, la verdadera patria era el islam. Un principio que está cada vez más en entredicho.
En cinco claves:
- El nacionalismo iraní tomó forma con la monarquía Pahlaví contra la injerencia extranjera
- La Revolución islámica de 1979 dio un giro hacia un chiismo politizado y rechazó el legado persa
- Para consolidarse, otro pilar fue el rechazo a los enemigos externos, empezando por Estados Unidos
- Sin embargo, las identidades iraní y persa se mantuvieron y el régimen empezó a tolerarlas
- Hoy en día, frente a la guerra y el descontento social, la República Islámica ha incorporado el nacionalismo persa para intentar sobrevivir
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