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El nacimiento de una máquina endiosada fuera de nuestro control o el nuevo hype de Silicon Valley tras los fracasos del metaverso y las criptomonedas. Entre esos extremos se mueven las reacciones al vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial (IA), empujadas por la irrupción de ChatGPT en 2022. El chatbot de la empresa OpenAI superó los cien millones de usuarios activos en apenas dos meses. Tik Tok tardó nueve. ChatGPT emplea un gran modelo de lenguaje, un sistema de inteligencia artificial generativa entrenado con enormes cantidades de datos para procesar y generar texto coherente.
Las grandes tecnológicas estadounidenses están a la vanguardia en la investigación de estos modelos. Compiten por acelerar su desarrollo y controlar un mercado que promete cambiarlo todo. OpenAI ya vende su chatbot a aplicaciones como Duolingo o Snapchat a 0,002 dólares por cada 750 palabras generadas. Estados Unidos no ha restringido la rápida comercialización de esta potente y poco verificada tecnología, pues considera que la competición corporativa es su mejor baza para desarrollarla antes que China, que va al ritmo de su propia regulación.
Inteligencia artificial bajo el modelo chino
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