La huelga del automóvil, una nueva era de sindicalismo en Estados Unidos

La histórica huelga en la industria del automóvil puede paralizar un sector clave en Estados Unidos. Detrás está el Nuevo Sindicalismo, que ya ha organizado trabajadores en Amazon o Starbucks. El movimiento ha vuelto a la primera línea política y será clave para las elecciones de 2024.
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La huelga del automóvil, una nueva era de sindicalismo en Estados Unidos
Huelga del sindicato United Auto Workers en Estados Unidos. Fuente: US Department of Agriculture (Flickr)

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Está siendo el mejor año para el movimiento obrero estadounidense en más de dos décadas. No sólo la aprobación de los sindicatos está en su mayor nivel en sesenta años, hacía más de veinte no había tantas huelgas en un solo año o no se aprobaban tantas autorizaciones para llevarlas a cabo. Más de un millón de trabajadores estadounidenses han votado ir a huelga en lo que va de 2023.

Ya terminada la exitosa huelga de los guionistas de Hollywood después de casi cinco meses, el punto de inflexión que consolida este renacer está en la industria del automóvil. Su protagonista es el sindicato United Auto Workers (UAW), fundado en 1935. Es una huelga histórica por su tamaño, demandas y alcance político. La convocatoria es simultánea en las tres grandes compañías de la industria, exige una subida salarial del 40% y que siempre esté por encima de la inflación, y es la primera vez que un presidente de Estados Unidos se une a los piquetes.

La mecha del Nuevo Sindicalismo

Joe Biden hizo historia el pasado 26 de septiembre yendo a los piquetes del UAW en Detroit junto a su líder, Shawn Fain, que hasta ahora se ha negado a apoyar la reelección. Este gesto del presidente, junto a declaraciones como el ya famoso “pay them more” (‘pagadles más’), confirma que el clima sobre la importancia de los sindicatos y la lucha huelguista está cambiando en Estados Unidos. Los sindicatos ahora se ven más fuertes que hace décadas, pero esa fuerza es reciente, fruto del Nuevo Sindicalismo.

El Nuevo Sindicalismo empezó después de la pandemia, cuando varios organizadores constituyeron los primeros sindicatos en Starbucks y Amazon con la estrategia del salting (infiltrarse en la compañía). Estas empresas compartían características: alta rotación de sus trabajadores, ser buques insignia del capitalismo estadounidense, nunca habían estado sindicalizadas y sus trabajadores son diversos en identidad racial y de género. El Nuevo Sindicalismo parte de unas claras coordenadas socialistas, ya que lo han apoyado sobre todo el partido Democratic Socialists of America y el Partido Comunista de Estados Unidos.

Los nuevos sindicatos, siguiendo tesis socialistas de “independencia de clase”, son autónomos de los más tradicionales. Su creación viene a ocupar un espacio que estos no quisieron ocupar en esas empresas, difíciles de sindicalizar por sus posturas frente a estas organizaciones y la alta rotación de trabajadores. Sin embargo, el Nuevo Sindicalismo no se limitó a Starbucks y Amazon, sino que se infiltró en el resto del movimiento hasta llegar a los sindicatos más corporativistas y radicalizarlos.

Lo consiguió por una doble vía, desde abajo y desde arriba. La vía desde abajo es que sus militantes han visto los logros del Nuevo Sindicalismo y han decidido radicalizar toda la estructura. Es el caso del UAW, antaño considerado el sindicato corporativista del Partido Demócrata y que en 2023 eligió a Fain, un izquierdista que se había opuesto al convenio de 2008. Ese año los trabajadores del automóvil perdieron el 80% de sus derechos laborales, y Fein se negaba a apoyar a los demócratas para la Casa Blanca.

La vía desde arriba fue la de Teamsters, un sindicato muy de izquierda y apegado a la figura de Bernie Sanders. Para no perder posibles afiliados ante el Nuevo Sindicalismo, Teamsters empezó la mayor campaña de su historia, intentando sindicalizar almacenes y toda la flota de conductores de Amazon. De igual manera, luchó por un convenio, que consiguió en agosto de este año, contra la compañía UPS con muchos beneficios laborales después de afirmar que pondría a sus 340.000 afiliados en huelga. 

La huelga del automóvil como punto de inflexión

Shawn Fain, por su parte, tomó una decisión histórica el pasado 15 de septiembre: convocar la huelga de los 150.000 afiliados del UAW contra las tres grandes compañías del automóvil en Estados Unidos. La decisión frente a Ford, General Motors y Stellantis no tenía precedentes. Siempre se había intentado hacer una huelga en una empresa para negociar al alza en las demás. Pero Fain fue más allá de sus predecesores y convocó una huelga simultánea con las exigencias más fuertes que ha habido en la historia del sector. 

Los dirigentes de las compañías se habían subido el sueldo este año un 40%, y Fain empezó por esa demanda. Si los dueños podían permitírselo, los trabajadores, que según él crean la riqueza, también tenían derecho a ello. Además, exigió restaurar los beneficios perdidos en las negociaciones de 2008 por la crisis económica, entre ellos, un mejor sistema de pensiones, de salud y eliminar los contratos temporales. Fain se opuso en su día a estos sacrificios y culpó a la Administración de Barack Obama de haber rescatado a General Motors sin imponer la condición de que no rebajase los beneficios de los trabajadores. Por ello rehusó cuando le preguntaron sobre un supuesto apoyo de UAW a la campaña de Biden. 

Fain planteó una huelga “de escalada”. Sabía que sus 150.000 afiliados querían ir a los piquetes, pero decidió empezar en tres fábricas y luego, tras negociaciones fallidas, escaló a centros distribuidores para ahogar la producción y después a más fábricas. Así ha conseguido que sus afiliados se mantengan deseosos de ir a la huelga, mientras que con las compañías juega con el palo y la zanahoria: si cedes, no pongo en huelga tus centros; si no cedes, los pongo. El sindicato UAW, de hecho, inventó y aplicó las okupaciones de fábricas en los años treinta y cuarenta, y ahora marca otro hito con las huelgas de escalada. 

El sindicalismo, clave para las elecciones de 2024

Todo hace presagiar que el sindicato UAW conseguirá una victoria en las negociaciones del convenio: tiene a sus afiliados disciplinados en la huelga, apoyo social e institucional, y una caja de resistencia de 850 millones de dólares. Esa victoria, a su vez, consolidaría la actual ola de huelgas y animaría a otros sindicatos con sus exigencias. La huelga de guionistas de Hollywood, por ejemplo, consiguió casi triplicar los beneficios para sus miembros después de cinco meses, mientras que la de los actores continúa desde julio. Los trabajadores del automóvil, un pilar en la construcción del movimiento obrero estadounidense, conseguirían así un cambio social de simpatía hacia los sindicatos y las huelgas no visto en un siglo.

Esta lucha no ha sido ajena a la política electoral. Mientras Biden se ha unido a los piquetes, la extrema derecha ha intentado usar al UAW contra la transición verde. El senador J. D. Vance aseguró que el sindicato luchaba contra los coches eléctricos que promovían los demócratas porque los dejaría sin empleo, pero el UAW lo desmintió. Donald Trump también intentó reunirse con trabajadores en huelga para ganar votos en el estado clave de Michigan. Sin embargo, el sindicato lo declaró enemigo de clase y el magnate tuvo que reunir a extrabajadores del automóvil junto al lobby de extrema derecha “Right to Work!”.

La transición verde, y qué hacer con empleos que pueden desaparecer, se ha vuelto una de las peleas políticas más importantes en Estados Unidos. Enfrenta a republicanos y demócratas y promete ser crucial en la campaña para las elecciones presidenciales de 2024. El UAW ya se ha posicionado: apuestan por una “transición verde que sea social y justa”. Para Shawn Fain, su lucha “es la de la clase trabajadora y el planeta”. Entretanto, ya han conseguido que el sindicalismo vuelva al centro de la política estadounidense.

Jaime Caro

Granada, 1993. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid con mención internacional por la Universidad de Columbia. Especializado en la alt-right y en la historia del socialismo en Estados Unidos. Técnico de Discurso y Estrategia Política en la Coalición Sumar.