30 de noviembre de 1803

30 de noviembre de 1803: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna zarpa rumbo a América

También conocida como expedición Balmis por el médico que la encabezó, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna que empezó en 1803 fue la primera campaña de vacunación masiva. Su objetivo era frenar la extensión de la viruela en los territorios de ultramar del Imperio español.
30 de noviembre de 1803: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna zarpa rumbo a América
Placa en homenaje a la Expedición Balmis en La Coruña. Fuente: Wikimedia Commons

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La viruela causó estragos en la población mundial durante siglos, en especial entre los niños. En el siglo XVI dio el salto a América y fue una causa del derrumbe demográfico indígena, pero hubo que esperar hasta el XVIII para encontrar cómo frenarla. El médico inglés Edward Jenner comprobó en 1796 que quienes habían sufrido la variante bovina de la viruela luego no desarrollaban la enfermedad. En su experimento, Jenner inoculó el material infectado a un niño de ocho años sano que solo padeció una leve fiebre. Había descubierto la vacuna de la viruela.

En España, el médico alicantino Francisco Javier Balmis se hizo rápido eco del descubrimiento. Tradujo del francés una obra que analizaba las ventajas de la vacuna de Jenner y que se convirtió en todo un manual. La vacuna se extendió por la península en los primeros años del siglo XIX, pero todavía faltaban América y Filipinas. Así que, en junio de 1803, Balmis fue nombrado director de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna que transportaría el suero médico a los territorios de ultramar: era la primera campaña de vacunación masiva de alcance mundial.

Lo primero, preservar la vacuna en la expedición

El rey de España, Carlos IV, estaba sensibilizado con los efectos de la viruela porque su hija María Teresa había fallecido a causa de la enfermedad. Por ello fue clave en el apoyo y la financiación de la misión sanitaria. El proyecto de Balmis pretendía no solo vacunar a la población del otro lado del Atlántico, sino también crear juntas de vacunación que difundieran el suero por todo el Imperio.

El primer obstáculo fue preservar el suero de la vacuna durante un trayecto tan largo. Balmis, sin embargo, recurrió a un método ingenioso: inocular la vacuna a dos niños, que desarrollarían leves pústulas de la viruela que servirían para extraer el suero necesario. Así la vacuna se transmitió entre los niños a bordo y se pudo conservar el suero fresco.

Ante la falta de voluntarios, los veintidós seleccionados eran huérfanos en su mayoría de Galicia. Junto a ellos iría Isabel Zendal, rectora y enfermera del Hospital de la Caridad de La Coruña. En total, la empresa estaba integrada por 37 personas entre el personal médico, marinos y niños. Partiendo del puerto coruñés a bordo de la corbeta María Pita, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna zarpó el 30 de noviembre de 1803. La primera parada fue Canarias, donde se vacunó a la población, y el viaje continuó en condiciones penosas hasta arribar a Puerto Rico en febrero de 1804. 

A su llegada, Balmis vio que la vacuna ya circulaba por territorios americanos. En Puerto Rico habían obtenido el suero de la cercana colonia danesa de Saint Thomas e incluso habían empezado la vacunación. El mes siguiente la expedición alcanzó la actual Venezuela, donde Balmis crearía la primera junta de vacunación.

Inmunizar por todo el Imperio

En mayo de 1804, la expedición se dividió. Balmis, Zendal y parte del equipo pusieron rumbo al Caribe y Centroamérica con la intención de llegar después hasta Filipinas. El cirujano José Salvany, subdirector de la expedición, y los demás integrantes se dirigieron hacia el sur, donde les esperaba una ruta más larga y difícil. De hecho, Salvany falleció en Bolivia, y sus ayudantes continuaron desde allí.

Mientras tanto, el grupo de Balmis y Zendal llegó a Cuba, donde sumaron tres esclavas para que sirvieran como receptáculo de la vacuna. Luego se trasladaron a Nueva España (México), donde crearon juntas para distribuir la vacuna por el resto del Virreinato, y embarcaron hacia Filipinas. Con el apoyo de las autoridades locales y eclesiásticas, Balmis pudo desempeñar su labor por toda la misión sanitaria. Finalizada en septiembre, el grueso del grupo, entre ellos Zendal, regresaron a Nueva España.

El médico, en cambio, decidió llevar la vacuna hasta Macao y Cantón, en China, y una vez logrado su propósito abandonó Asia en dirección al puerto de Lisboa. A su paso por la isla de Santa Elena, en el Atlántico, también dejó una muestra de la vacuna. Casi tres años después de su partida, Balmis por fin regresó a España en septiembre de 1806. En Madrid, el rey Carlos IV le recibió y alabó el triunfo de su empresa.

El éxito de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna no radicó tanto en su difusión como en la creación de las juntas de vacunación, centros pioneros para conservar y producir vacunas e instruir médicos. Más de un siglo y medio después, el último caso de viruela tuvo lugar en 1977 en Somalia, y la Organización Mundial de la Salud consideró la enfermedad erradicada en 1980. Por su parte, Balmis volvió a la actualidad en 2020, cuando España desplegó una operación militar nombrada con su apellido como homenaje en el marco de la lucha contra la covid-19.

Julen Kenk

Madrid, 1999. Graduado en Historia por la Universidad Complutense. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática. Apasionado de las conexiones entre el deporte, la política y la historia.

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