Finlandia se independizó del moribundo Imperio ruso en 1917 con el reconocimiento del Gobierno bolchevique, que se había hecho con el control del país ese mismo año. Las décadas siguientes mantuvieron relaciones tensas, marcadas por la guerra civil finlandesa entre conservadores y comunistas, apoyados por los soviéticos, y las disputas territoriales en la región de Carelia, donde se formó un movimiento profinlandés en la parte rusa. Aunque en 1932 firmaron un acuerdo de no agresión, no tardarían en romperlo.
Meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética y Alemania habían firmado el pacto Ribbentrop-Mólotov, por el que Finlandia quedaba en la zona de influencia soviética. Tras la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939, la URSS se apresuró a desplegar su ejército por los países vecinos, a lo que el Gobierno socialdemócrata de Finlandia, liderado por Risto Ryti, se negó. Una de las preocupaciones principales de los soviéticos era que Leningrado, actual San Petersburgo, estaba demasiado cerca de la frontera con Finlandia y podía verse amenazada en un posible ataque. Por esta suma de factores estratégicos, la URSS decidió conquistar Finlandia.
La guerra de Invierno: un conflicto a -40º C
El 26 de noviembre de 1939 los soviéticos acusaron a los finlandeses de haber bombardeado uno de sus puestos fronterizos en la aldea de Mainila. Finlandia negó los hechos y ambos países cortaron relaciones diplomáticas. Décadas después, historiadores demostraron que estas afirmaciones eran falsas: la URSS solo buscaba una excusa para comenzar la guerra. Las tensiones aumentaron para el día 29 y, al siguiente, el Ejército Rojo invadió Finlandia y bombardeó Helsinki y otras ciudades, dando inicio a la guerra de Invierno. A las pocas semanas, los soviéticos se hicieron con el control de parte de la Carelia vecina y establecieron la República Democrática Finlandesa con el Gobierno títere de Otto Kuusinen, un líder comunista finlandés que se había salvado de las purgas del líder de la URSS, Iósif Stalin.
Pese a la superioridad numérica del ejército soviético, los planes de Stalin de vencer con rapidez se vieron truncados. Los finlandeses, comandados por el general Carl G. E. Mannerheim, contaban con mejor equipación de invierno, conocían el terreno y dominaban el esquí, por lo que podían moverse con más agilidad por la nieve y soportar las temperaturas de -40 °C. Mientras, miles de soldados soviéticos morían por congelación. Esto les otorgó ventaja a los finlandeses, que consiguieron frenar al Ejército Rojo en varios frentes, como Laponia, donde las condiciones climáticas eran más duras. Con todo, los soviéticos acabaron imponiéndose en febrero de 1940, gracias a su fuerza militar y a que el ejército finlandés se había concentrado sobre todo en el istmo de Carelia. Desgastados y sin apoyos de Francia, el Reino Unido o Alemania, los finlandeses comenzaron a negociar la paz con Moscú.
¿Y después? Más guerra
Finlandia y la Unión Soviética finalmente firmaron en marzo de 1940 el tratado de paz de Moscú, por el cual los finlandeses cedieron el istmo de Carelia, la región norte del lago Ladoga, las islas más orientales del golfo de Finlandia y el control durante treinta años de la península de Hanko. En total, Finlandia perdió más del 10% de su superficie y tuvo que hacer frente a la huida de medio millón de refugiados de esas regiones. La guerra de Invierno se saldó con la muerte de más de 25.000 soldados finlandeses y alrededor de 300.000 soviéticos, aunque las cifras todavía se disputan.
La paz, sin embargo, duró poco, ya que Finlandia no tardó en tratar de recuperar los territorios perdidos aprovechando la Segunda Guerra Mundial. En junio de 1941 dejó pasar a las tropas alemanas por su territorio y poco después lanzó su propia ofensiva, que inició la guerra de Continuación. Este segundo conflicto terminó con el armisticio de 1944 y la paz de 1947, por la que no solo se mantuvieron las fronteras de 1940, sino que Finlandia tuvo que ceder aún más territorios. Además, la paz le obligó a romper sus lazos con Alemania, por lo que se sumó al bando aliado y luchó contra los nazis en la guerra de Laponia de 1944. Aun así, Finlandia consiguió mantener su independencia de la URSS, que optó por usarla como Estado tapón con Europa occidental. Durante la Guerra Fría, no obstante, Finlandia se ubicó en el bloque occidental, pero mantuvo relaciones estrechas con Moscú.