25 de marzo de 1957

25 de marzo de 1957: la firma de los Tratados de Roma da origen a las Comunidades Europeas

Los Tratados de Roma crearon la Comunidad Económica Europea, que estableció la unión aduanera y el mercado común, y la Euratom, que integró la producción de energía nuclear. Junto a la CECA formaron las Comunidades Europeas, cuyo desarrollo desembocaría en la Unión actual.
25 de marzo de 1957: la firma de los Tratados de Roma da origen a las Comunidades Europeas
Firma de los Tratados de Roma en la sala de los Museos Capitolinos. Fuente: Wikimedia Commons

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Tras la Segunda Guerra Mundial surgió la idea de una Europa que cooperase para reconstruir su economía y evitar un nuevo conflicto. Además, ofrecía la oportunidad a los países de recuperar su posición internacional y competir con Estados Unidos y la Unión Soviética, las dos superpotencias de la Guerra Fría. En la Declaración Schuman de 1950, los franceses propusieron crear la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) para gestionar los recursos estratégicos de la industria y la construcción. Así, se solucionaría la rivalidad histórica entre Francia y Alemania. 

Una vez Alemania Federal, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos crearon la CECA mediante el Tratado de París de 1951, trabajaron en nuevas comunidades. Aunque la integración europea se estancó cuando el Parlamento francés rechazó la Comunidad Europea de Defensa, pues requería una unión política próxima a un sistema federal, lo económico parecía más asequible.

Los seis países decidieron integrar el mercado y la energía nuclear en la Conferencia de Messina de 1955. Fue la base para que el 25 de marzo de 1957 firmaran en Roma el Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea (CEE) y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom). Junto con la CECA, los Tratados de Roma conformaron los “tratados constitutivos” de las Comunidades Europeas.

Necesidad y oportunidad: el origen de las Comunidades Europeas

El éxito de la CECA había llevado a considerar nuevas fuentes de energías para combatir el déficit de los años cincuenta y reducir la dependencia europea de los países productores de petróleo. El resultado fue la Euratom, cuyo objetivo es coordinar las industrias nucleares para compartir los costes de desarrollar la energía atómica y garantizar el abastecimiento de energía nuclear civil y pacífica.

Por otra parte, la CEE buscaba la integración y el crecimiento económico bajo la premisa de que fusionar los intereses contribuiría al progreso y a unas mejores condiciones de vida. Así, reduciría las diferencias entre regiones y avanzaría hacia la unificación política europea. El Tratado establecía una unión aduanera y un mercado común de mercancías, personas, servicios y capitales, basado en la libre circulación, la competencia leal y la adaptación a determinadas políticas comunes, como la agrícola o la de transportes

Los Tratados de Roma instauraron una estructura similar a la de la CECA, de forma que la Asamblea parlamentaria y el Tribunal de Justicia fueron comunes para las tres Comunidades. En cambio, la CECA mantuvo su Alta Autoridad y Consejo, mientras que la Euratom y la CEE disponían de sus propias Comisiones y Consejos. Para optimizar las Comunidades Europeas, el Tratado de Bruselas de 1965 fusionó los poderes ejecutivos en un único Consejo y Comisión de las Comunidades Europeas, y armonizó el presupuesto y la administración. Era la base de las instituciones supranacionales a las que los Estados cederían la gestión de ciertas competencias hasta forjar una unión política.

Rumbo a la Unión Europea

Durante los años siguientes se pusieron en marcha proyectos de los Tratados de Roma, como el Banco Europeo de Inversiones en 1958 o la Política Agrícola Común en 1962. Pero el hito más importante fue suprimir los aranceles internos para adoptar uno exterior común en 1968, lo que creó el mercado común de bienes. La adhesión del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973 y la de Grecia en 1981 conllevó nuevos retos a la integración económica. Ante las limitaciones y los escasos avances en la circulación de personas, servicios y capitales, el Acta Única Europea de 1985 revisó los Tratados de Roma y propuso consolidar el mercado interior para 1992. 

Llegado ese año, con España y Portugal ya unidos, se firmó el Tratado de Maastricht. Se hablaba por primera vez de una “Unión Europea”, que reflejaba el carácter político, pero las Comunidades Europeas seguían en el “primer pilar”. El tratado estableció la creación del Banco Central Europeo para supervisar la unión económica y monetaria, así como la concesión de la ciudadanía europea. En 1995 se unieron Austria, Suecia y Finlandia, y en 2004 llegó la gran ampliación hacia el este. Como respuesta, el Tratado de Lisboa de 2007 fijó la estructura actual de la Unión, que absorbió y sustituyó a las Comunidades Europeas.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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