23 de noviembre de 2005

23 de noviembre de 2005: Ellen Johnson-Sirleaf, primera mujer elegida presidenta de un país africano

Tras décadas en la oposición pacífica, la economista Ellen Johnson-Sirleaf llegó a la presidencia de Liberia a través de las urnas en noviembre de 2005. Sus esfuerzos, pese a que no consiguieron muchos avances en igualdad de género, abrieron el camino al liderazgo femenino en la política africana.
23 de noviembre de 2005: Ellen Johnson-Sirleaf, primera mujer elegida presidenta de un país africano
Ellen Johnson-Sirleaf en un evento en Estados Unidos en 2015. Fuente: U.S. Institute of Peace (Wikimedia Commons)

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La vida de Ellen Johnson-Sirleaf está ligada a la historia reciente de Liberia, pues antes de ser elegida presidenta en 2005 había participado treinta años en política. Tras estudiar Economía en Estados Unidos, en 1972 aceptó ser ministra de Hacienda en el Gobierno del presidente William Tolbert, pero el golpe de Estado del sargento Samuel Doe en 1980 la llevó al exilio, donde continuó su oposición al nuevo régimen dictatorial.

Diez años después, Johnson-Sirleaf apoyó la rebelión liderada por el guerrillero Charles Taylor con la condición de formar un Gobierno de unidad nacional que permitiese al país hacer una transición a la democracia. Sin embargo, la guerra civil le distanció de Taylor. Mientras, trabajó como directora de la Oficina Regional para África del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, hasta que el proceso de paz culminó en las elecciones presidenciales de 1997. Johnson-Sirleaf se postuló, pero el miedo a una nueva guerra dio la victoria a Taylor, por lo que pasó a liderar una oposición centrada en denunciar las violaciones de derechos humanos. 

Esa nueva guerra civil estalló en 1999 contra Taylor, quien renunció al poder una vez perdió la mayoría del país en 2003. Entonces, Johnson-Sirleaf colaboró con el Gobierno provisional para la transición, que terminaría con elecciones dos años después. Esta vez su candidatura fue la más votada gracias a su experiencia, pero también al impulso de los movimientos de mujeres por la paz. Pese a las acusaciones de fraude de su rival, la comisión electoral y los observadores internacionales confirmaron el 23 de noviembre de 2005 que sería la nueva presidenta y, así, la primera mujer en llegar a liderar un país africano a través de las urnas.

Nobel de Paz y Dama de Hierro con un legado cuestionado

Durante sus dos periodos presidenciales hasta 2017, Ellen Johnson-Sirleaf mantuvo la estabilidad democrática, recuperó la diplomacia y consiguió que se retirasen las sanciones al país. En 2011, año en que fue reelegida, recibió el Premio Nobel de la Paz por su lucha no violenta a favor de los derechos de las mujeres, pues bajo su mandato se desarrollaron campañas de sensibilización, así como una de las leyes africanas más completas sobre agresiones sexuales.

No obstante, su legado es cuestionado, ya que la conocida como la Dama de Hierro liberiana por su voluntad férrea contra la corrupción, sus esfuerzos en la reconstrucción económica del país y su defensa de los derechos de las mujeres apenas avanzó en estas materias. La falta de medios ha impedido una disminución real de la violencia de género en el país, donde la mutilación genital femenina todavía es una cuenta pendiente. Además, su llegada a la presidencia no significó una mayor participación femenina en la política liberiana, y su defensa de los valores tradicionales impidió avanzar en los derechos LGBT.

Las mujeres en la política africana

Johnson-Sirleaf, sin embargo, sí abrió el camino de la presidencia a otras mujeres africanas: Joyce Banda ejerció entre 2012 y 2014 en Malaui, Ameenah Gurib-Fakim fue la presidenta de Mauricio entre 2015 y 2018, Shale-Work Zewde preside Etiopía desde 2018 y Samia Suluhu Hassan alcanzó el puesto en Tanzania en 2021. A su vez, siguió el legado de Mame Madior Boye, nombrada primera ministra de Senegal en 2001, o de Luisa Diogo en Mozambique, con quienes sentó precedentes para otras jefas de Gobierno como Saara Kuugongelwa en Namibia o la tunecina Najla Buden.

Además, cada vez más mujeres en países de África han conseguido la alcaldía de sus ciudades con proyectos con perspectiva de género que priorizan la sanidad, la educación o la sostenibilidad. Decenas de alcaldesas africanas se han organizado para impulsar soluciones comunes a problemas como la falta de electricidad, agua corriente y saneamiento, al ser más conscientes de ellos por ser las mujeres las encargadas de paliarlos en sus familias. Lo mismo ocurre con los procesos de paz, muchos impulsados por movimientos femeninos, cuya participación en las negociaciones ha demostrado una mayor duración del acuerdo. Destaca el caso de Ruanda, que construyó la paz buscando la igualdad de género y ahora es el país con mayor representación parlamentaria femenina.

Sin embargo, no es un fenómeno muy extendido en África. Ni siquiera un cuarto de los miembros de los parlamentos subsaharianos son mujeres, y la proporción disminuye en el norte del continente. Aparte, la influencia de estos movimientos no supone de por sí un mayor acceso a los cargos de liderazgo. Ese acceso parte de una mayor inversión en educación que incrementa las oportunidades y la independencia económica de las mujeres para que participen en procesos políticos y no sean relegadas a los cuidados familiares. En esa línea, el machismo también conlleva que en política se cuestione más a las mujeres, a pesar de que su labor es por lo general más limpia y democrática, como ocurrió con Johnson-Sirleaf.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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