18 de octubre de 1867

18 de octubre de 1867: Estados Unidos le compra Alaska a Rusia

Alaska, el estado más septentrional de Estados Unidos, fue comprado en 1867 a los rusos en plena ola expansionista estadounidense. La adquisición se vio entonces como un gasto innecesario, pero ha acabado probando el valor estratégico de su ubicación y de sus recursos naturales.
18 de octubre de 1867: Estados Unidos le compra Alaska a Rusia
Fuente: Pixabay

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El territorio ahora conocido como Alaska pertenecía al Imperio ruso desde que algunos exploradores y comerciantes se asentaron allí y fundaron la Compañía Rusa Americana en 1799, que operaba como monopolio comercial gobernante. Esas colonias rusas eran las más alejadas de San Petersburgo, la capital del Imperio, por lo que era muy difícil abastecerlas y protegerlas de las aspiraciones de imperios rivales como el británico. Esto, junto a las dificultades financieras que Rusia tenía tras la guerra de Crimea de 1853, motivaron su venta. 

El acuerdo fue orquestado por el ministro ruso Eduard de Stoeckl y el secretario de Estado estadounidense William H. Seward, con el apoyo del senador Charles Sumner. Según Seward, ese nuevo territorio beneficiaba a los intereses estratégicos de Estados Unidos y casaba con su política de expansionismo: en las décadas anteriores se habían hecho con Oregón, Texas y California. El control sobre la región les aportaría nuevas materias primas, permitiría abrir rutas comerciales con Asia y significaba ganar terreno a las monarquías en el continente. El tratado de compra se logró el 30 de marzo de 1867 por 7,2 millones de dólares de la época, el equivalente a unos 140 millones actuales

La “locura de Seward”

Pese a las críticas al proyecto, al que denominaron “la locura…”, “la nevera…” o incluso “el jardín de los osos polares de Seward”, los argumentos del secretario de Estado y el discurso de Sumner convencieron al Senado, que ratificó el acuerdo de compra el 9 de abril. Estados Unidos llamó a su nueva adquisición “Alaska”, derivado del aleutiano alaxsxaq o Alyeska, que significa ‘tierra principal’ o ‘tierra grande’ en el idioma de los nativos de las islas Aleutianas.

No obstante, el día en que se conmemora la compra es el 18 de octubre, cuando tuvo lugar la ceremonia oficial de transferencia del territorio. Desde entonces en esa fecha se celebra la fiesta regional del Día de Alaska. Aun así, el pago no se formalizó hasta 1868, debido a maniobras de miembros de la Cámara de Representantes para entorpecerlo. La mayoría de los rusos se marcharon de Alaska, y las poblaciones nativas —unas 50.000 personas— pasaron a estar bajo la vigilancia del distrito militar en el que se convirtió la región y de la Oficina de Asuntos Indios. 

Los nativos no lograron la ciudadanía hasta 1924 y sufrieron el expolio y contaminación de sus tierras, así como campañas de erradicación de sus culturas y lenguas. Con la Ley Antidiscriminación de 1945, vieron reconocidos sus derechos civiles y mejoraron sus condiciones de vida. Sin embargo, hoy en día muchos líderes nativos siguen denunciando abusos y exclusión.

Una tierra para buscadores de oro, militares y petroleros

Con el tiempo, Alaska ha demostrado ser una compra muy rentable. El descubrimiento de oro provocó una fiebre y causó la primera explosión demográfica de la región: entre 1888 y 1900, más de 160.000 personas marcharon al norte en busca del preciado metal. La llegada de los buscadores dinamizó la región y atrajo a más gente, parte de la cual acabó obteniendo tierras y quedándose. La búsqueda de oro también contribuyó a la imagen de Alaska como “última frontera”, un territorio inhóspito y salvaje, que inspiró clásicos de la literatura estadounidense como las novelas de Jack London

Durante la Guerra Fría, Alaska adquirió un gran valor estratégico. Por un lado, su proximidad a la Unión Soviética hacía temer un ataque transpolar, lo que llevó a reforzar la fuerza aérea en el territorio. Por otro, sus vastas y aisladas tierras, ricas en materias primas, eran perfectas para el desarrollo de las industrias militar, nuclear y química, así como para el entrenamiento de soldados. Así, el segundo pico de crecimiento demográfico lo provocaron los militares trasladados y sus familias, propiciando que en 1959, casi cien años después de su compra, Alaska se convirtiera en el estado número 49 del país.

Con el desarrollo de los misiles balísticos, la importancia estratégica de Alaska decayó y la presencia militar se redujo. El estado pasó a centrarse en la extracción de gas y petróleo, que ahora suponen el 20% de su PIB. Y podría producir mucho más, pero con el riesgo de dañar sus ecosistemas, un equilibrio que no ha sido capaz de encontrar. Con todo, la “nevera de Seward” ha probado ser una inversión valiosa para Estados Unidos.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.

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