Joseph Rudyard Kipling falleció el 18 de enero de 1936 en su casa de Londres a causa de una úlcera. A sus setenta años, dejaba más de 250 historias cortas y 800 páginas de versos que lo habían convertido en el primer autor británico galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1907. Su obra exaltó los ideales patrióticos e imperialistas de la clase media conservadora del Reino Unido durante la época victoriana. El afán por acercar la lejana realidad de las colonias le valió a Kipling el apodo de “escritor del Imperio”. Sin embargo, también profetizó el declive imperialista y los conflictos tras la caída del dominio británico.
Una vida ligada al colonialismo
Rudyard Kipling estuvo vinculado al mundo colonial desde su nacimiento en la ciudad india de Bombay en 1865. Su padre era profesor de arte y oficial del Ejército, lo que le había llevado a trasladarse a territorio indio. Kipling pasó parte de su infancia en el Raj británico y luego fue enviado a Inglaterra con seis años para iniciar su vida académica, pero regresó a la India en 1882 ante la falta de dinero para financiar sus estudios universitarios. De nuevo en la colonia, comenzó a trabajar como periodista en el diario The Lahore Civil and Military Gazette de Lahore, en la región de Punyab.
Fue allí donde Kipling dio sus primeros pasos como escritor. Su estilo directo y sencillo relataba el día a día de aquellos colonos británicos que, a sus ojos, sacrificaban su modo de vida tradicional para traer el progreso a la India. La misión “civilizadora” de los ingleses se convirtió en uno de los temas principales de su obra, con tesis supremacistas en poemas famosos como La carga del hombre blanco (1899). En este texto, Kipling instaba a los colonos de Estados Unidos, con los que había coincidido durante su estancia allí años atrás, a implantar las maneras occidentales en Filipinas. El otro asunto que le obsesionaba era el retrato de la India. Desde El hombre que pudo reinar (1888) hasta Kim (1901), su universo literario siempre se desarrolló entre los paisajes exóticos de la colonia.
Autor imperialista y profeta de la guerra
Durante su estancia en Estados Unidos, la poesía de Kipling empezó a adoptar un carácter ideológico. Composiciones como Mandalay o Gunga Din exaltaban las figuras de soldados anglosajones y ensalzaban el poderío del Imperio británico. Sin embargo, su principal logro en este tiempo fue la publicación de una de sus obras célebres: El libro de la selva (1894). La historia de Mowgli, popularizada décadas después por la compañía cinematográfica Disney, elevó a Kipling a los altares de la literatura inglesa. Pese a ello, su figura era cada vez más controvertida: el autor defendía el nuevo imperialismo, la monarquía y los valores conservadores frente a los movimientos democráticos y sufragistas que surgieron en el final del período victoriano. Ello le valió el rechazo de los sectores liberales y laboristas de su tiempo, que intentaron boicotear su nominación al Nobel de Literatura.
A su regreso al Reino Unido en 1896, Kipling se encontró con un país en crisis. Las tensiones por la autonomía de Irlanda, el desgaste del Imperio y el auge del movimiento obrero erosionaban su poder económico y político. Estos factores, unidos al crecimiento de Estados Unidos y Alemania, amenazaban la hegemonía británica en el mundo. En este contexto, Kipling supo predecir los fenómenos más importantes que sucederían a principios del siglo XX. El escritor, por ejemplo, anticipó al rey Jorge V el estallido de la Primera Guerra Mundial, en la que perdió al único hijo varón que había tenido con su esposa Caroline. También adelantó las disputas raciales y religiosas que se darían en Sudáfrica e India con la inminente retirada de los colonos británicos.
Otro aporte del pensamiento político de Kipling fue el esbozo de la teoría del “choque de civilizaciones”. Esta tesis, que el politólogo estadounidense Samuel Huntington popularizó en 1993, sostenía que las divergencias culturales entre Oriente y Occidente eran demasiado grandes, por lo que su coexistencia tendía a ser más conflictiva que pacífica. Así lo reflejó Kipling en el primer verso de La balada del Este y del Oeste: “El Este es el Este y el Oeste es el Oeste, y nunca los dos se encontrarán”.
El legado vigente de Kipling
La muerte de Rudyard Kipling en 1936 significó la pérdida de uno de los autores más polifacéticos y destacados de la literatura inglesa. Pese a que sus posiciones políticas lo condenaron al ostracismo en el final de su vida, su obra todavía es popular. Además de que sus principales historias han sido adaptadas con éxito a la gran pantalla, su poema Si…, inspirado en los logros de las tropas británicas durante la guerra bóer en Sudáfrica, aún está considerado como el favorito de los británicos.






