“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco, y galgo corredor”. Este famoso comienzo abre la obra cumbre de la literatura española y universal, Don Quijote de la Mancha. El libro consta de dos partes. La primera se publicó en Madrid el 16 de enero de 1605 bajo el título El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha no apareció hasta 1615. Su autor, Miguel de Cervantes Saavedra, nunca imaginó que la novela se convertiría en uno de los libros más editados de la historia, a la altura de la Biblia, o que vendería más de 400 millones de ejemplares.
Cervantes, de hecho, nunca vivió en la opulencia. Nació a finales de 1547 en la ciudad madrileña de Alcalá de Henares y fue el cuarto de siete hijos. Se pasó la infancia viajando con su familia por España en busca de fortuna y durante la adolescencia vivió la guerra en sus propias carnes. En 1571 luchó en la batalla de Lepanto contra el Imperio otomano y en 1575 fue capturado por unos piratas que lo tuvieron preso en Argel durante cinco años. A su regreso a España deambuló por Andalucía para encontrar trabajo. Fue entonces cuando empezó a escribir: en 1584 compuso su primera novela importante, La Galatea, pero no alcanzó el éxito hasta 1605, con la primera parte del Quijote.
Las aventuras de don Quijote y Sancho Panza
El Quijote narra las aventuras de un hidalgo manchego, Alonso Quijano, que enloquece tras leer muchos libros de caballerías. El protagonista cree que es un caballero andante medieval y, junto con su escudero Sancho Panza —un pobre labrador—, decide salir de su aldea en busca de aventuras. En su locura, Quijano limpia las viejas y mugrientas armas de sus bisabuelos, bautiza a su flaco caballo como Rocinante, se pone el nombre sugerente de don Quijote de la Mancha y decide que su dama será Dulcinea del Toboso, una labradora manchega que en realidad se llama Aldonza Lorenzo, menos majestuoso.
Con el kit de caballero completo, don Quijote protagoniza tres salidas, que están repartidas en dos tomos. La primera parte de la obra cuenta las dos primeras salidas del hidalgo y su escudero, y la segunda narra la última aventura de Alonso Quijano, que le hace recobrar el juicio. No obstante, antes de que Cervantes acabase su obra, un tal Alonso Fernández de Avellaneda —seudónimo no identificado— publicó en Tarragona en 1614 el Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, una continuación falsa del libro. Se cree que el anónimo era enemigo del alcalaíno y publicó una segunda parte antes que él para perjudicarle, pero no lo consiguió porque Cervantes ridiculizó la versión de Avellaneda en la verdadera continuación del Quijote, que salió en Madrid un año después.
El Quijote por el mundo
Desde que la primera parte del Quijote se publicó en 1605, la obra de Cervantes se ha difundido por todo el mundo. Ya en 1612 el libro se tradujo al inglés y, tan sólo una década más tarde, al francés y al italiano. Hoy puede leerse en más de 140 lenguas y se considera la cumbre de la literatura universal. Es más, en 2002, cien escritores de 54 países eligieron el Quijote como la mejor obra de ficción de la historia de la humanidad, por encima de los grandes clásicos de Homero, Dostoievski o García Márquez.
Ese éxito mundial se debe a que es la primera novela moderna de la historia y, como tal, rompe con todos los géneros novelísticos anteriores. Ya es una novedad que el Quijote parodie los libros de caballerías en el siglo XVII, pero, además, la obra cervantina introduce dos elementos nuevos: la evolución de los personajes y el perspectivismo, narrar con distintos puntos de vista que demuestran complejidad. Durante el siglo XVI, los personajes literarios se basan en estereotipos y son inalterables, mientras que el hidalgo y su escudero van cambiando su carácter según viven sus aventuras. Asimismo, las novelas del siglo XVI cuentan una única visión de la realidad, que suele ser moralista, mientras que la obra de Cervantes combina el idealismo del Quijote, rayando en la locura, con el realismo de Sancho Panza.
Las novedades literarias que introdujo el Quijote inspiraron, entre otras, las obras de clásicos como Charles Dickens, Honoré de Balzac o Benito Pérez Galdós. Por ello, la novela contemporánea no tendría su forma actual si aquel Alonso Quijano de un lugar de la Mancha no hubiese empezado sus aventuras caballerescas allá por 1605.