Casi 340 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria en 2023. Si fueran la población de un país, sería el tercero más poblado del mundo. Es un aumento de un 25% respecto a 2022. 117 millones vivirán desplazadas este año, la cifra más alta jamás registrada. Y al menos 45 millones estarán en riesgo de inanición, lo que se ha llamado “la mayor crisis alimentaria mundial de la historia moderna”.
2023 será un año de emergencias humanitarias potenciadas por crisis que se retroalimentan: la guerra de Ucrania, la crisis alimentaria y económica, los efectos de la pandemia y el cambio climático. Todo ello provocará niveles récord de hambre y desplazados. La pobreza se agravará en países frágiles como Somalia, Sudán del Sur o Haití. La situación será aún peor en Afganistán, dónde la decisión de los talibanes de prohibir a las mujeres trabajar en ciertos sectores y estudiar está llevando a que algunas ONG o incluso la ONU suspendan programas de ayuda humanitaria.
Un hambre sin precedentes
Los indicadores del hambre extremo seguirán aumentando a nivel global. Se espera que hasta 222 millones de personas se enfrenten a inseguridad alimentaria grave y se necesitará ayuda urgente en 53 países, la cifra más alta registrada. El impacto desproporcionado del hambre en las mujeres y niñas empeorará, dado el aumento de desigualdades y violencia de género.
Los conflictos armados seguirán siendo la causa principal de la inseguridad alimentaria: más del 70% de las personas que padecen hambre viven en zonas asoladas por la violencia, una cifra que es probable que aumente. Afganistán, Etiopía, Nigeria, Sudán del Sur, Somalia y Yemen permanecerán en el nivel de alerta más preocupante para 2023. Otros países al borde del abismo del hambre son habituales de la lista, como la República Democrática del Congo, Haití, Kenia, la República Centroafricana, Siria, y Pakistán, pero también hay caras nuevas, como Honduras, Malaui, Sri Lanka, Zimbabue y Madagascar.
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