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Satélites, submarinos o rompehielos. Así lucirán las armas de los próximos conflictos entre potencias. Estos no se librarán en las fronteras terrestres de los Estados, sino en los llamados global commons: los océanos, los círculos polares y el espacio exterior. Son lugares que no pertenecen a ningún país por considerarse bienes comunes a toda la humanidad, pero son objeto de deseo y disputa por su gran valor geoestratégico. En 2021, por ejemplo, los ingresos mundiales derivados de la actividad espacial ascendieron a 469.300 millones de dólares.
La guerra en Ucrania ha marcado en sus dos años un punto de inflexión en la competición por estos espacios. Los satélites comerciales han sido esenciales para mantener las comunicaciones militares en plenos combates, mientras que la creciente rivalidad entre potencias ha tensionado la gobernanza de los global commons. Si bien los tratados que los rigen hablan de “cooperación internacional” y “uso con fines pacíficos”, ahora es más probable que nunca que estalle un conflicto en alguno de ellos.
Lucha por las profundidades
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