La solución negociada sigue lejos tras un año de invasión rusa en Ucrania. Kiev y Moscú no ceden pese al aumento de voces que piden una paz inmediata, en especial desde la izquierda europea, y de los esfuerzos de líderes como Emmanuel Macron, que apunta que el conflicto terminará con diplomacia. Las posturas en ambos Gobiernos sobre lo que es ganar la guerra siguen muy alejadas, pues perciben que perder territorio es una derrota total. Solo cuando piensen que pueden conseguir más con la paz se sentarán a negociar.
La guerra, precisamente, constata el fracaso de la diplomacia. Por un lado, los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015, que buscaban frenar los enfrentamientos entre el Ejército ucraniano y las milicias prorrusas del Donbás. Pero también de los esfuerzos europeos previos a la invasión para disuadir a Rusia. Hasta ahora, Rusia y Ucrania solo han acordado el fin del embargo al trigo, por mediación de Turquía, e intercambios puntuales de prisioneros. Con las vías de comunicación limitadas, Occidente comprometido a enviar armas y la ofensiva de primavera en ciernes, la guerra se augura larga.
Rusia no quiere negociar
Por un lado, Vladímir Putin solo negociará cuando pueda presentar la paz como una victoria para Rusia. El presidente ruso ha vinculado su legado político al resultado de la guerra. La derrota conllevaría un descrédito político comparable al de los dirigentes soviéticos tras la invasión de Afganistán en los años ochenta, clave en la caída de la Unión Soviética. Por el contrario, si gana impondría su narrativa de que Ucrania pertenece al área de influencia de Moscú y demostraría que Rusia puede hacer frente a Occidente.
Qué le pasa a Rusia cuando pierde una guerra: revoluciones, golpes de Estado y reformas
Por ello el Kremlin sigue dispuesto a combatir, a pesar del fracaso de la ofensiva inicial y de las dificultades para mantener el territorio ocupado. Los combates en el Donbás se han recrudecido en las últimas semanas. Esto...