Drones, sensores y perros robot: la distopía del control de las fronteras

En Europa y Norteamérica se están usando nuevas tecnologías inteligentes para controlar y vigilar las fronteras. Son herramientas que deshumanizan y vulneran los derechos de miles de personas. Como los muros y vallas, se trata de un negocio que sólo hará más peligrosa la migración.
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Drones, sensores y perros robot: la distopía del control de las fronteras
Fuente: elaboración propia con Midjourney

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Drones, cámaras, perros robot, datos biométricos, sensores de movimiento… Cada vez más países del Norte global tratan de reforzar su poder sobre los movimientos transfronterizos explorando nuevas tecnologías. Las llamadas smart borders, o fronteras inteligentes, van desde drones que patrullan el mar Mediterráneo recolectando información biométrica hasta algoritmos que predicen el movimiento de las personas. O incluso la toma de decisiones automatizada sobre si un migrante está mintiendo o no.
En el mundo hay un número sin precedentes de personas en movimiento: más de cien millones a cierre de 2022 que se desplazaban por conflictos, pobreza, inestabilidad política y económica o desastres ambientales. Los Gobiernos justifican las innovaciones tecnológicas que están probando como necesarias para mantener las fronteras seguras. Sin embargo, omiten que usarlas no sólo falla en su cometido de evitar la migración no deseada, sino que atenta contra los derechos humanos de las personas migrantes.
Tecnología distópica que ya está aquí
Las fronteras inteligentes se basan en el uso de tecnologías de vigilancia y control. El objetivo es que una frontera sea más eficaz para detener la migración no deseada y seguir el rastro de los migrantes. Los países desarrollados están invirtiendo en cámaras, drones o sistemas biométricos que convierten las fronteras de puntos estables en el mapa a sistemas de control más allá de delimitaciones físicas. Así, la vigilancia, monitorización y disuasión están empezando mucho antes de que las personas lleguen a la frontera.
En la Unión Europea, Grecia, Letonia y Hungría están implementando el proyecto iBorderCtrl. Es una suerte de guardia fronterizo virtual que les hace preguntas a los viajeros para dejarlos pasar o no por la aduana. “¿Cuál es su apellido? ¿De dónde viene? ¿Por qué se dirige al destino de su viaje?”, pregunta el avatar de un hombre de pelo castaño y uniforme azul marino. Si el sistema considera que la persona es sincera en sus resp...

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Júlia Codina

Barcelona, 1995. Graduada en Políticas por la Universidad Pompeu Fabra, Máster en Derechos Humanos y Acción Humanitaria por Sciences Po, Paris. Antes en Amnístia Internacional, UN-Habitat en Nairobi, y UNRWA en el Líbano. Ahora trabajo en cuestiones sobre crisis y fragilidad en la OCDE. Acción humanitaria, cooperación internacional y conflictos.