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Drones, cámaras, perros robot, datos biométricos, sensores de movimiento… Cada vez más países del Norte global tratan de reforzar su poder sobre los movimientos transfronterizos explorando nuevas tecnologías. Las llamadas smart borders, o fronteras inteligentes, van desde drones que patrullan el mar Mediterráneo recolectando información biométrica hasta algoritmos que predicen el movimiento de las personas. O incluso la toma de decisiones automatizada sobre si un migrante está mintiendo o no.
En el mundo hay un número sin precedentes de personas en movimiento: más de cien millones a cierre de 2022 que se desplazaban por conflictos, pobreza, inestabilidad política y económica o desastres ambientales. Los Gobiernos justifican las innovaciones tecnológicas que están probando como necesarias para mantener las fronteras seguras. Sin embargo, omiten que usarlas no sólo falla en su cometido de evitar la migración no deseada, sino que atenta contra los derechos humanos de las personas migrantes.
Tecnología distópica que ya está aquí
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