Por qué a Estados Unidos no le interesa una guerra larga

Para Estados Unidos, sostener a Ucrania de forma indefinida puede mermar sus propias reservas de armamento y escalar la guerra. Sin embargo, también se arriesga a que Rusia recupere territorio y a perder peso geopolítico frente a China.
GeopolíticaEstados Unidos
Por qué a Estados Unidos no le interesa una guerra larga
Soldados ucranianos en Bajmut. Fuente: President Of Ukraine (Flickr)

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

Escucha este artículo

Suscríbete por solo 5€ al mes

“Vamos a estar con usted, presidente: todo el tiempo que haga falta”. Joe Biden le prometió su apoyo a Volodímir Zelenski cuando visitó Kiev el pasado 20 de febrero por el aniversario de la invasión rusa de Ucrania. Días más tarde lo reiteró con el canciller alemán Olaf Scholz en la Casa Blanca, donde insistió en que ambos países ayudarían a los ucranianos “al unísono”. Pero a pesar de las palabras de Biden, la ayuda estadounidense puede tener un límite. Más allá de sortear una escalada militar o de lograr que Ucrania gane la guerra, el interés principal de Washington es evitar que se alargue.

Puede parecer contraintuitivo, ya que Estados Unidos ha sido el mayor aliado de Ucrania. Para enero de este año había dedicado más de 70.000 millones de euros en ayuda humanitaria, financiera y, sobre todo, militar. A esto se suma el paquete de ayuda militar de quinientos millones de dólares que Biden anunció en su visita. Sin embargo, Washington se mantiene entre el optimismo que trata de infundir a sus socios, y con el que se muestra como un país comprometido, y el realismo en privado. Sortear esa brecha no será sencillo.

Una guerra larga es más difícil de mantener

Una guerra larga es más costosa para Estados Unidos. Si bien tiene el ejército más poderoso del mundo y una potente industria militar, no puede mantener el ritmo de envío de armas sin arriesgar su stock. De hecho, el Pentágono ya ha anunciado que invertirá mil millones de dólares en aumentar la producción de artillería. Pero si la guerra se alarga estos esfuerzos pueden ser insuficientes. Esto pone en riesgo no solo la seguridad nacional estadounidense, sino su capacidad de sostener la guerra. Además, supondrá un coste para el Estado que los ciudadanos pueden no estar dispuestos a asumir. Según una encuesta reciente, los votantes republicanos que creen que el Gobierno envía demasiada ayuda han pasado de del 30 al 40% y los demócratas de un 11 a un 15% entre otoño y enero.

También puede que Ucrania no sea capaz de avanzar o que Rusia gane territorio. Esto fomentaría que la inversión se percibiera como dinero perdido. Más aún cuando lo más probable es que el conflicto se estanque, dificultando que Kiev recupere los territorios ocupados. A su vez, Estados Unidos no puede permitirse otro descrédito interno e internacional como el de Afganistán, donde estuvo presente más de veinte años e invirtió más de dos billones de dólares.

Confrontar a Rusia sin olvidarse de China

Una guerra larga también agravaría la crisis económica global. Si bien no esta le ha impactado tanto como a Europa y otras zonas del mundo, Estados Unidos rozó una inflación del 9% en 2022, que afectó en especial a los precios de los carburantes y de la energía. En 2023, la reactivación económica en China con el fin de la política cero covid y la disminución de las reservas europeas podría tensionar aún más los mercados, afectando a su economía. Aunque Estados Unidos se ha beneficiado de la guerra, por ejemplo, como uno de los principales suministradores de gas a Europa, estos beneficios no han sido tan grandes. Además, la gran demanda europea le obliga a vender menos en Asia, donde pierde influencia.

El mercado energético es solo un ejemplo de que la guerra distrae a Estados Unidos de su pivote a Asia. Algunos sectores del Partido Republicano ya se lo han criticado a Biden. Josh Hawley, senador por Misuri, señaló la urgencia de la amenaza que supone China. Según él, Biden no le está dedicando tanto esfuerzo: “Creen que parar a Vladímir Putin es parar  a Xi Jinping […] eso es Hollywood, no la realidad”. Aunque China es una prioridad de la estrategia de defensa estadounidense de 2022, los esfuerzos económicos y armamentísticos siguen centrados en Europa, y así será a medio plazo. Estados Unidos puede seguir dedicando esfuerzos a China en paralelo, ya sea bloqueando su industria de chips o con un apoyo más firme a Taiwán, pero a Pekín le interesa que Washington esté atado a la causa ucraniana.

Esto explica en parte la narrativa de Estados Unidos de que China y Rusia están en el mismo bando. Desde la firma de la “amistad sin límites” entre Pekín y Moscú semanas antes de la invasión, Washington los ha equiparado como países que desafían el orden liberal y amenazan la democracia. La inteligencia estadounidense lleva semanas alertando que China considera enviar armas a Rusia, lo que la colocaría como su aliada principal junto a Irán. China ha defendido hasta ahora una paz negociada, pidiendo el fin de la invasión rusa y de las sanciones occidentales. También ha respondido a las acusaciones estadounidenses, alegando que “no cesan de enviar armas” en lugar de “promover la paz y el diálogo”. Se involucre China en la guerra o no, Washington se arriesga a perder fuerza geopolítica frente a Pekín si esta se alarga.

Washington, entre una escalada y alargar la guerra

Como aliado principal, Estados Unidos se ve obligado a infundir un optimismo a los ucranianos que no sabe si podrá cumplir. La ayuda occidental ha llevado a que Kiev se vea con fuerzas para conseguir sus objetivos: recuperar todo el territorio ocupado. No sólo las regiones del este y el sur, sino también Crimea. Sin embargo, Estados Unidos y Europa no tienen una postura clara sobre Crimea, que parece ser una línea roja para Rusia. Tampoco saben si los ucranianos serán capaces de recuperar el territorio ocupado. Sus avances dependen de la ayuda militar occidental, pero el tiempo es un factor crucial.

Esto lleva a Biden a una encrucijada: apostar por enviar más y mejores armas, arriesgándose a provocar una escalada militar con Rusia, o medir sus esfuerzos y que la guerra se alargue. Tampoco es el momento para apostar por negociaciones de paz, ya que Rusia y Ucrania le ven más ventajas a seguir combatiendo. Lo más factible es que el conflicto termine con un acuerdo o armisticio, pero promoverlo antes de tiempo complicará las relaciones con Ucrania y una paz duradera. Encontrar un equilibrio será complicado, y aunque a Estados Unidos no le interese una guerra larga, quizá no le quede más remedio que financiarla.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.