El Gobierno de Jimmy Carter estaba en guardia. Eran los años setenta y, en plena Guerra Fría, la Unión Soviética tenía la posibilidad de acceder al océano Índico. Zbigniew Brzezinski, el consejero de Seguridad Nacional estadounidense, planteó entonces aprovechar el islamismo creciente como herramienta para frenar el avance del comunismo en Oriente Próximo y Asia Central: la doctrina del cinturón verde. Carter terminó aceptando sus ideas y puso en marcha un proyecto cuyo impacto ha llegado hasta nuestros días.
La doctrina tenía dos objetivos: contener a la URSS en sus propias áreas de influencia y reducir los costes económicos y militares de un posible conflicto directo. La caída del sah en Irán y el fracaso de la Organización del Tratado Central, un pacto que reunía a Irán, Irak, Pakistán, Turquía y el Reino Unido para contener el avance soviético, aceleraron el proceso. Brzezinski propuso crear un “arco del islam”, un cinturón verde frente al “cinturón rojo” soviético que se extendía sobre varios países. Sin embargo, no supo comprender la realidad de la región ni anticipar lo que ocurriría a la larga en Irán o Afganistán.
La Revolución iraní: un costoso error de cálculo
“Preferimos que el sah continúe en el poder, pero el pueblo de Irán debe tomar la decisión”. Con estas palabras, Jimmy Carter marcó el fin del apoyo de Estados Unidos al sah Mohamed Reza Pahlaví, abriendo las puertas a un cambio de régimen. En la Conferencia de Guadalupe de enero de 1979, junto con los líderes de Francia, Reino Unido y Alemania, Carter decidió que el reinado del sah había llegado a su fin.
El sah había sido un baluarte contra el comunismo, pero su poder se desmoronaba. Si resistía, estallaría una guerra civil en Irán, que quedaría a merced de una posible intervención soviética. La solución pasaba por ceder ante los religiosos de la Revolución Islámica, aunque fuera temporalmente. Estados Unidos y el exiliado ayatolá Ruhollah Jomeini mantenían contactos desde hacía años, y envi...