El opio, la otra guerra que Estados Unidos ha perdido en Afganistán

La toma del poder de los talibanes en Afganistán deja irresuelto otro gran objetivo de Estados Unidos en el país: eliminar la industria ilegal del opio. Tras veinte años de intervención, el balance es más que negativo. Según Naciones Unidas, la producción aumentó casi en un 40% en el último año, y el negocio no va a venir a menos.
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El opio, la otra guerra que Estados Unidos ha perdido en Afganistán
Marines estadounidenses en un campo de amapolas en Helmand, Afganistán, en 2011. Fuente: Marines de Estados Unidos

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Estados Unidos ha dejado pendiente otro de sus grandes mantras en Afganistán: acabar con la producción de opio y el tráfico de heroína. El país asiático es el mayor productor mundial de amapola, de la que se extrae el opio, y que puede derivar en todo tipo de medicamentos y drogas. El desafío es local y regional, pues el comercio ilícito y parte del consumo de estos opiáceos y opioides se da en países vecinos, y también es un problema para Europa, donde acaba gran parte de ellos. 
Los miles de millones de dólares invertidos en Afganistán no han servido para frenar el ascenso de la producción, distribución y consumo de compuestos como la heroína. En este negocio multimillonario se han involucrado desde productores locales hasta los talibanes, amparados por la incapacidad de los Gobiernos afganos y la ineficacia de las medidas estadounidenses. Si bien el grupo islamista afirma que no va a seguir beneficiándose del narcotráfico ahora que ha llegado al poder, todavía es su principal fuente de ingresos.
La producción se ha disparado entre 2001 y 2021
Ni siquiera la pandemia ha limitado el protagonismo de Afganistán en la producción mundial de amapola. Según la Oficina contra las Drogas y el Crimen Organizado de Naciones Unidas (Unodc por las siglas en inglés), el país produce el 80% del opio global, con capacidad de obtener hasta 6.300 toneladas al año. Y los datos van al alza: tras veinte años de presencia militar occidental, las hectáreas cultivadas se han triplicado de 74.000 en 2001 a 224.000 en 2021, según el último informe de la Unodc, publicado en abril.

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Este aumento se explica en parte por la ineficacia de las políticas de extinción estadounidenses. Pese a los más de 1.500 millones de dólares invertidos y a la avanzada tecnología militar, los ataques aéreos contra plantaciones y laboratorios de producción de heroína y el despliegue de militares y personal de inteligenc...

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Daniel Pérez

El Puerto, 1998. Internacionalista especializado en Seguridad en el Mediterráneo y Oriente Próximo. Miembro de la Red de Jóvenes Investigadores del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo. Máster en Cultura de Paz y Conflictos. Apasionado de la radio y la investigación.