Hacía nueve años que el Líbano no celebraba elecciones legislativas y los fragmentados resultados obtenidos tras los comicios ya ofrecían alguna pista de que lograr formar un Ejecutivo no sería tarea fácil, tal y como ha acabado sucediendo. La abrumadora caída del partido suní Movimiento Futuro, del primer ministro Saad Hariri; el aumento del cristiano Movimiento Patriótico Libre, del presidente Michel Aoun, y, sobre todo, el notable aumento —para gran revuelo de EE. UU., Israel y Arabia Saudí—de Hezbolá, aliado crucial de Irán en el Líbano, han llevado a ocho meses de arduas negociaciones para lograr cerrar un nuevo Ejecutivo aceptado por todos los partidos y que cumpla con las reglas del sistema electoral libanés sobre representación confesional.
Para ampliar: “Líbano, la nación sin rostro”, Jacobo Llovo en El Orden Mundial, 2018
La cúpula del nuevo Gobierno ofrece pocas novedades respecto al anterior: Aoun repite como presidente, Hariri como primer ministro y el chií Nabih Berri, del Movimiento Amal —‘esperanza’—, vuelve a presidir el Parlamento. El resto de las 30 carteras han sido repartidas entre los distintos partidos que obtuvieron representación parlamentaria y tres han ido destinadas a mujeres, entre las cuales Raya al Hasán, quien fuera ministra de Finanzas en 2009, ocupa por primera vez en el mundo árabe el cargo de ministra del Interior.
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