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Egipto e Indonesia quieren una nueva capital

Egipto e Indonesia quieren una nueva capital
Proyecto de nueva capital para Egipto. Fuente: Inhabitat

La ciudad más importante de un país suele ostentar el título de capital. Pero en algunos países —como Indonesia o Egipto—, sus respectivas capitales se encuentran en situaciones próximas al colapso. La solución que han encontrado sus Gobiernos es la construcción de nuevas ciudades completamente de la nada que, tras terminar su edificación, reciban el estatus de capital con el objetivo de aliviar la presión a la que están sometidas las actuales metrópolis.

El 4 de abril de 1955 en Jataí, un pueblo con un millar de habitantes en Brasil, el candidato a la presidencia Juscelino Kubitschek prometía el desarrollo del interior del país, extremadamente pobre en comparación a la riqueza y modernidad de la costa brasileña. Kubitschek prometió también relocalizar la capital de Brasil hacia el interior. Tras su victoria electoral, en cinco años el nuevo presidente construyó una ciudad completa de la nada. En 1960 la nueva ciudad bautizada con el nombre de Brasilia se convirtió en la capital del Estado Federal de Brasil.

El caso de Brasilia es el más impresionante, pero existen otros como el de Islamabad en Pakistán, Nur-Sultán —nuevo nombre de Astaná— en Kazajistán, Naypidó en Myanmar o Putrajaya, capital administrativa de Malasia. La fundación de ciudades con el estatus de capital puede responder, como en el caso de Brasil, a un intento de desplazar el eje de poder a otro lugar o a la búsqueda de equilibrios territoriales. También puede responder a otras motivaciones como evitar la macrocefalia urbana, o el colapso social o medioambiental de la ciudad que ejerce la función de capital.

Sin embargo, fundar nuevas ciudades no es cosa del pasado: también hoy hay en marcha ambiciosos proyectos de edificación de nuevas capitales, y varios países de distintos lugares del planeta han anunciado su voluntad de erigir urbes que ejerzan el rol de capital del país. Indonesia planea sustituir Yakarta, ya que la ciudad se hunde en el agua a un ritmo alarmante; y  Egipto ya ha comenzado la construcción de una nueva capital que sustituirá a El Cairo como centro político del país. Estos ejemplos son solo los más claros, pero en los últimos años otros países como Filipinas o Tailandia también se han empezado a plantear medidas similares.

Una sustituta para la capital que se ahoga

La megalópolis de Yakarta concentra a 10 millones de personas exclusivamente en la ciudad y hasta 30 si se tiene en cuenta el área metropolitana. La gigantesca urbe tiene el trágico honor de ser la ciudad del planeta que más rápido se hunde del planeta, a una velocidad de 2,5 metros cada 10 años. Yakarta también ocupa una de las primeras posiciones en el ranking de ciudades con peor tráfico del mundo, algo que hace perder cerca de 5.000 millones de dólares a la ciudad anualmente.

Víctima del cambio climático —que está provocando el aumento del nivel del mar—, y de una explotación indebida de los acuíferos en el subsuelo de la ciudad —que provoca el hundimiento del suelo—, Yakarta puede ser considerada el símbolo de lo que implica la irresponsabilidad con el medio ambiente. Se estima que para 2050 la zona norte de la capital indonesia estará completamente sumergida.

A consecuencia de ello, el Gobierno indonesio ha declarado su intención de construir una nueva capital que sustituya a la actual. Además, la construcción de una nueva capital es vista por el Gobierno como una oportunidad para corregir la desigualdad existente entre las distintas islas del inmenso país. La isla de Java —en la que se ubica Yakarta— concentra alrededor del 40% de los 260 millones de habitantes del país, y un 58% del PIB de Indonesia.

Distribución del producto interior bruto de Indonesia por islas. Fuente: The Economist

La idea de establecer una nueva capital en Indonesia no es nueva. Los ciudadanos llevan oyendo esa promesa desde la independencia del país asiático en la década de los cuarenta. Sukarno —el gran líder de la independencia indonesia— soñaba con el establecimiento de una capital para Indonesia distinta a la que habían establecido los colonos holandeses, la denostada Yakarta. No obstante, la ciudad se ha mantenido como capital del país todos estos años.

Tras su reelección como presidente de Indonesia en mayo de 2019, Joko Widodo ha prometido promover un mejor reparto del crecimiento económico más allá de la isla de Java. El Gobierno estima una inversión de cerca de 30.000 millones de dólares para el proyecto de construir una nueva capital, que esta vez no estará ubicada en la isla de Java. El traslado de la capital representa no solo el intento de mejorar la distribución de la riqueza nacional sino también de encontrar un mejor equilibrio en un país extremadamente diverso étnica y culturalmente, donde la cultura javanesa ha sido la que ha tenido la voz cantante desde la independencia del país. 

El Gobierno indonesio baraja distintas posibilidades en busca de la localización perfecta para la nueva capital. Sin embargo, sigue siendo un misterio cuál será el lugar elegido para iniciar el proyecto de la ciudad llamada a sustituir a la imponente Yakarta como corazón del gigante del sudeste asiático.

Para ampliar: “Indonesia, una potencia islámica dormida en el sudeste asiático”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2017

«Sisi City», un refugio para el régimen egipcio

En marzo de 2015, el presidente egipcio Abdelfatá al Sisi hizo público el gran proyecto de construcción de una nueva y moderna capital para Egipto. Este proyecto faraónico tiene como objetivo sustituir a la histórica ciudad de El Cairo como centro político y administrativo del país árabe. Con la excusa de aliviar la saturación crónica de la capital egipcia, el régimen de al Sisi ha planeado construir una ciudad a su imagen y semejanza.

El megaproyecto, avalado y financiado en gran parte por las monarquías del Golfo, es el broche de oro de una serie de “proyectos  nacionales” que ha ido impulsando Al Sisi desde su ascenso a la presidencia de la República en 2013. El plan propuesto por Al Sisi no es nuevo para Egipto, que ha visto cómo desde Náser hasta hoy los líderes políticos han intentado sin éxito construir nuevas ciudades que han terminado fracasando y siendo fagocitadas por El Cairo.

Con un presupuesto de más de 40.000 millones de dólares y una superficie de más de 700 kilómetros cuadrados, la nueva capital de Egipto promete ser la primera “ciudad inteligente” del país, y estará ubicada a medio camino entre El Cairo y el canal de Suez. El Gobierno egipcio asegura que la nueva capital será capaz de acoger seis millones de personas y generar casi dos millones de empleos. El plan, que busca imitar el modelo de las grandes urbes del Golfo, incluye la construcción de un gigantesco parque en medio del desierto que duplica en tamaño al Central Park de Nueva York.

Localización de la proyectada nueva capital de Egipto en relación con El Cairo. Fuente: Inhabitat

El irreal proyecto se ha convertido en un quebradero de cabezas para un régimen desesperado por afirmar su autoridad y su buen liderazgo en un país incapaz de levantar cabeza tras las revoluciones de 2011. Desde su lanzamiento, el proyecto ha sufrido falta de credibilidad y ha tenido dificultades para encontrar fondos, pasando primero de manos egipcias a emiratíes, para luego pasar a manos chinas y volver una vez más en manos egipcias. Nadie quiere ser responsable del fracaso de la nueva capital.

El Gobierno afirma que la idea de construir una nueva capital responde a la necesidad de descongestionar la ciudad de El Cairo, una megalópolis que concentra cerca de 20 millones de personas y que se estima que crecerá en 5 millones de habitantes en los próximos diez años. Sin embargo, han surgido gran cantidad de voces críticas que consideran el proyecto un pozo sin fondo de recursos que podrían ser invertidos en mejorar los precarios servicios públicos que reciben los ciudadanos cairotas y todos los egipcios. 

El proyecto de al Sisi es el mejor ejemplo de la enorme fractura que existe entre el régimen y la mayoría de la sociedad egipcia. Con la excusa de mitigar la carga que soporta El Cairo, se está construyendo una ciudad alejada de las clases medias y bajas del país, aquellas que en 2011 inundaron las calles de todo Egipto y en particular las de El Cairo exigiendo pan, justicia y dignidad. Con la nueva capital, el rais egipcio busca un refugio para su régimen sin plazas Tahrir ni manifestantes.

Para ampliar: “El invierno egipcio”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2017

Los proyectos de nuevas urbes que sustituyan a las actuales capitales responden, como norma general, a un intento por corregir la falta de eficiencia de estas. Frecuentemente, estos proyectos se localizan en países en desarrollo que han experimentado un crecimiento muy acelerado, y cuyos respectivos Gobiernos han sido incapaces de responder a las demandas en servicios e infraestructuras de la población. 

Estas nuevas metrópolis, más allá de otras motivaciones políticas, sociales o medioambientales, tienen el desafío de intentar aliviar el colapso al que se han visto abocadas las actuales capitales. Sin embargo, problemas como el escaso compromiso con el medio ambiente, la carencia de servicios básicos, una buena gestión del transporte urbano o el crecimiento de la población no se corrigen con la creación de una nueva capital. Sin programas que busquen corregir problemas que se han demostrado estructurales, los extremadamente caros proyectos de nuevas urbes no son más que una portada bonita para una triste e interminable historia.