El Estado palestino sólo existe en el papel. La ONU planteó la partición de la Palestina histórica en 1947 entre árabes y judíos, pero sólo se fundó el Estado de Israel al año siguiente. En 1993, los Acuerdos de Oslo sentaron las bases para un futuro Estado palestino que nunca se materializó. Lejos de avanzar en esa dirección, la estrategia israelí ha sido dividir y debilitar al movimiento nacional palestino, controlar Gaza y colonizar Cisjordania, donde hay una fachada de autonomía palestina bajo dominio israelí.
La Autoridad Nacional Palestina (ANP), que administra Cisjordania, tiene reconocimiento internacional como Gobierno palestino. Sin embargo, junto con su presidente Mahmud Abás, del partido secular Fatá, atraviesan una crisis de legitimidad, entre acusaciones de corrupción, mala gestión y autoritarismo. El rival político de Fatá, la organización islamista Hamás, controla Gaza desde 2007 y ha salido fortalecido entre los palestinos tras el ataque del pasado 7 de octubre contra Israel. Los Gobiernos israelíes han fomentado esta división, y es una de las razones por las que Palestina no ha conseguido ser un Estado.
El fracaso del liderazgo palestino
A la ANP le llueven las críticas por su pasividad ante la masacre israelí en Gaza. Abás dirige tres de las instituciones más importantes del movimiento palestino: la ANP, el partido Fatá, que lidera la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y la propia OLP. Una encuesta del Centro Palestino de Investigación de Encuestas y Políticas el pasado septiembre reveló que el 78% de los palestinos quería su dimisión. A su vez, el 58% de los palestinos se mostraba a favor de la lucha armada contra la ocupación israelí, mientras que un 20% apoyaba un acuerdo negociado y un 24% la resistencia pacífica.
La pérdida de legitimidad del Gobierno palestino de Cisjordania viene de lejos. Abás, de 88 años, lleva casi dos décadas en el poder y no ha convocado elecciones presidenciales desde las que ganó en 2005. La AN...