El 6 de enero de 2021 pasará a la historia como el día en el que la extrema derecha se hizo por unas horas con el control de la sede de la democracia estadounidense. Convencidos de que las elecciones de noviembre de 2020, en las que Donald Trump no consiguió renovar el cargo frente a su rival demócrata Joe Biden, habían sido un fraude, simpatizantes de Trump de todo el país se citaron en la capital para rechazar el resultado. Aunque no todos pasaron a la acción, una parte importante entró a la fuerza en el Capitolio con el objetivo de interrumpir el recuento definitivo de resultados. Jaleados en un primer momento por Trump, contaban también con el apoyo de figuras políticas de renombre como los senadores Ted Cruz o Josh Hawley, o la congresista Marjorie Taylor Greene, todos ellos republicanos.
Pese a que la toma del edificio fuera caótica, algunos asaltantes llevaban semanas planeando irrumpir en la cámara del Senado, donde se estaba produciendo el recuento. Una vez más, internet ha jugado un papel crucial, no solo como canal de propagación de teorías de la conspiración, sino también como vía de la extrema derecha para organizar una protesta offline. Sin embargo, los asaltantes estaban lejos de ser un grupo homogéneo. Se han radicalizado individualmente por internet, y aunque todos comparten la creencia en varias conspiraciones, solo algunos han dado el paso de usar la violencia.
Una turba llena de contradicciones
Los manifestantes que se congregaron frente al Capitolio no tenían un programa político definido. A lo sumo, les bastaron dos consignas para reunirse en Washington: Stop the Steal! (‘¡Parad el robo!’) y Save America (‘Salvad Estados Unidos’), en referencia al supuesto fraude electoral. Sin embargo, el grupo estaba descoordinado, y muchos condenaron después la violencia y la toma del Capitolio. Pero las diferencias no son solo tácticas, sino también ideológicas, como hicieron patente las incoherencias entre los símbolos y banderas de la multitud.
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