El coronavirus en Oriente Próximo: debilidad estatal, crisis económica y protestas

El coronavirus no ha golpeado por igual en todo Oriente Próximo. Irán y Egipto han sido incapaces de controlar el virus por sus errores políticos y comunicativos, y porque su debilidad económica les impide imponer el confinamiento. Otros, como Israel o Jordania, han respondido eficazmente con vigilancia y estímulos económicos, mientras que algunos, como Emiratos Árabes o Turquía, han aprovechado la crisis para aumentar su influencia internacional. La enfermedad avanza en los países en guerra —Siria, Yemen y Libia—, mientras que las protestas han resurgido en Irak y Líbano tras un parón durante el pico de la pandemia.
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El coronavirus en Oriente Próximo: debilidad estatal, crisis económica y protestas
Fuente: elaboración propia

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Una de las regiones del mundo donde existe una mayor disparidad entre países es Oriente Próximo. Desde las monarquías del golfo Pérsico hasta la teocracia iraní, pasando por países devastados por la guerra como Yemen o Siria o Estados casi fallidos como Líbano, la naturaleza y capacidad de cada uno de los regímenes es muy distinta. Aunque el autoritarismo sea común a casi todos los países de la región, algunos de ellos, como las monarquías petroleras del Golfo, cuentan con una riqueza mineral que les permite proveer a la población de servicios sociales, incluida la sanidad pública. Los más pobres, como Egipto, siguen una estrategia de fuerte represión acompañada de subsidios y empleo público precario. El ejemplo intermedio sería Irán, donde un régimen autoritario semidemocrático combina el palo y la zanahoria ofreciendo sanidad y educación pública de cierta calidad, aunque lejos del nivel de las petromonarquías.

En una región tan diversa, el impacto de la pandemia ha sido desigual. Por lo general, Israel y las monarquías del Golfo ―que contaban con la experiencia previa de la epidemia de MERS de 2012―han contenido la expansión haciendo uso de sus recursos económicos y adoptando medidas estrictas de control. Turquía tomó medidas preventivas desde enero y, a pesar de que es —al menos según cifras oficiales― el país de la región con mayor número de contagios, los fallecidos no llegan a los 5.000. Tanto Turquía como las monarquías del Golfo han aprovechado para apuntarse un tanto diplomático distribuyendo ayuda tanto a países en desarrollo como a España o Grecia.

El extremo opuesto es Irán, el principal foco de contagio en la región, donde el sistema sanitario ha llegado a una situación crítica y no se han adoptado medidas de contención eficaces. Egipto, con una salud pública muy precaria y donde no se ha confinado a la población, corre el riesgo de seguir sus pasos. Los países pequeños de renta media, como Líbano o Jordania, parecen haberse librado de la crisis sanitaria, aunque por distintas razones: en Jordania, donde la capacidad hospitalaria es menor, se adoptó un confinamiento estricto a finales de marzo, cuando había pocos casos, mientras que en Líbano ―que cuenta con mayor número de médicos y hospitales, aunque privados― la sociedad civil y los partidos tradicionales, muy cuestionados desde otoño, se han hecho cargo de la situación.

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Alejandro Salamanca

Madrid, 1992. Grado en Historia por la UAM y Máster en Estudios Islámicos por la Universidad de Edimburgo. Becado por la UE en 2017 para realizar el Máster Europeo en Migraciones y Relaciones Interculturales. Investigador doctoral en el Instituto Universitario Europeo de Florencia, coordinador de la revista Fua y creador de la web Desvelando Oriente.