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¿Cómo sería Andalucía si pudieras llevarla puesta? La campaña de las elecciones andaluzas del próximo 19 de junio ha sido también una batalla por dominar la estética regional. Más aún porque ha coincidido con varias fiestas populares importantes que han brindado a los candidatos la oportunidad de mostrarse relajados y cercanos. El traje de flamenca es un elemento comunicativo más en ese contexto.
Inma Nieto y Teresa Rodríguez, las dos andaluzas y candidatas de la izquierda, han limitado su uso. Por el contrario, Macarena Olona, la candidata de extrema derecha, de origen alicantino, vistió el traje en la Feria de Abril de Sevilla y ha usado mantoncillos bordados y otros complementos en varios momentos de la campaña.
Este gusto por la estética andaluza quizá busca ocultar las críticas por su empadronamiento exprés en Granada: con looks que quieren hablar de Andalucía, Olona intenta acortar distancias con esta. La derecha siempre ha usado esos elementos tradicionales asociados a Andalucía como símbolo de lo español. Pero la izquierda también muestra un creciente interés por reivindicarlos y liberarlos de la influencia de la dictadura.
Una vestimenta convertida en símbolo
Los expertos sitúan el surgimiento de los trajes regionales en el romanticismo. Jesús Jurado es politólogo y autor de La generación del mollete (Lengua de Trapo), un análisis político del nuevo movimiento andalucista. Él apunta que estos trajes nacen para “contraponer al avance de la modernidad ilustrada algún tipo de esencia identitaria representada con la vestimenta tradicional campesina”.
Una historia política del flamenco: de burlarse de Napoleón a denunciar las crisis de refugiados
Pero ¿qué ocurrió para que los trajes tradicionales de municipios como Sevilla o Jerez acabaran representando la esencia de la identidad española? Contesta Lidia García, investigadora de la Universidad de Murcia experta en cultura popular española y autora de ¡Ay, campaneras! (Plan B): est...
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