Política y Sociedad América del Norte

Colorado, la gentrificación del Salvaje Oeste

Colorado, la gentrificación del Salvaje Oeste
Fuente: Kait Herzog

Desde la llegada de los primeros hippies y artistas bohemios a las Rocosas, Colorado se ha ido consolidando como un referente alternativo al tradicional estilo de vida estadounidense. Este hecho ha seguido atrayendo población con un alto nivel económico y cultural que está produciendo también algunos problemas de gentrificación elevando el precio de la vivienda y segregando espacial y culturalmente a la sociedad. Se está creando, así, el germen de lo que puede ser un sentido de pertenencia y quién sabe si una futura nación en el Salvaje Oeste.

Todos los que hayan visitado Colorado habrán apreciado que no es un estado más. La diversidad paisajística, su riqueza medioambiental, sus leyes, los hábitos de sus gentes, todo convierte a Colorado en un lugar diferente, ameno, agradable, saludable y divertido. No extraña que sea un lugar donde las corrientes progresistas y movimientos como el ecologista, el hippie o los hípsters hayan convertido este lugar en apetecible para algunos profesionales liberales, artistas, científicos y, qué duda cabe, para esnobs que encuentran la ocasión de utilizar algunas de las mejores pistas de esquí del mundo. Destaca la ciudad de Boulder, el epicentro de lo distinto, y se irradia por las Rocosas, así como por el piedemonte oriental, donde están la capital, Denver, y otras ciudades importantes con movimientos alternativos, como Fort Collins y Colorado Springs, articuladas en el eje norte-sur de la interestatal 25 y en el eje este-oeste por la 70.

La población no para de crecer —más de dos millones respecto a 1990— y ya ha superado los cinco millones y medio. La gran mayoría se agrupa en el área metropolitana de Denver y en el eje Fort Collins-Pueblo. Es una población joven; los inmigrantes procedentes de otros estados tienen una edad de entre 20 y 30 años. Entre ellos se encuentran muchos estudiantes e investigadores, pues hay varias universidades con un gran número de alumnos que ofrecen un gran atractivo —Boulder, Fort Collins, Denver…—, además de centros menores en puntos dispares —Colorado Springs, Grand Junction, Golden, Durango, Greeley, Pueblo…—. A pesar del coste de las matrículas y de los alquileres desorbitados, son frecuentes las becas y los premios por parte de organismos públicos potentes como el Servicio de Parques Nacionales, así como por filántropos y empresas privadas, lo cual permite en ocasiones unificar investigaciones sobre temas relacionados con el medio ambiente y la montaña.

Para ampliar: “La filantropía en los tiempos del capitalismo”, Sebastián Abarca en El Orden Mundial, 2017

Una nación hípster al pie de las Rocosas

Desde que a finales de los años 60 Colorado y, en concreto, las Rocosas se convirtieran en un destino preferente del movimiento hippie, este estado ha ido reforzando su papel como destino de personas que buscan una vida diferente, como artistas bohemios, en un paisaje montañoso de incalculable valor con numerosos parques nacionales —Rocosas, Mesa Verde, Cañón Negro del Gunnison, Grandes Dunas de Arena…— y un sinfín de figuras de protección y gestión federal, como las áreas de recreo, bosques, praderas y áreas desérticas nacionales, a las que convendría añadir las reservas indias del suroeste del estado. Los paisajes de Colorado inspiraron ya en el siglo XIX la pintura paisajista del afamado Albert Bierstadt —Las Montañas Rocosas (1863)—, quien representó de forma magistral las vistas de la cordillera Frontal y creó una corriente paisajística entre los jóvenes artistas llegados recientemente a Colorado, muchos de los cuales proliferan en sus numerosas galerías de arte.

Dentro y fuera del centro de la ciudad, la abundancia de locales con música en directo que fabrican cerveza propia son un atractivo perfecto para los músicos. En Colorado vivieron su juventud figuras del folk como Bob Dylan, Judy Collins o John Denver. Recientemente, One Republic y una miríada de bandas jóvenes menos conocidas fuera de Estados Unidos recorren estos locales y los numerosos festivales de música: FoCo Mx y Bohemian Nights en Fort Collins, Mountain Festival en Estes Park, Denver Day of Rock, Telluride Bluesgrass… Algunos de estos festivales alcanzan un punto bizarro, como el celebrado en Nederland de temática zombi invernal, Frozen Dead Guy Days.

Además, algunas de las fábricas de cerveza artesanal han acabado abriéndose al mercado estadounidense, como Odell o la cooperativa New Belgium, creadas en Fort Collins. La calidad de las aguas procedentes de las Rocosas está detrás de la proliferación de fábricas de cerveza en toda la diagonal Boulder-Aspen-Gunnison-Telluride, a los pies de los principales picos y con abundante turismo de montaña. Incluso fábricas más industriales cuentan con sede en el estado, como Coors en Golden o Budweisser en Fort Collins.

Mención especial requiere el negocio de la marihuana, legalizado en 485 tiendas dedicadas a la venta de hojas para uso recreativo y una importante red de empresas productoras. A esta cifra habría que sumar las tiendas con venta exclusiva para uso medicinal y tener en cuenta que varias localidades tienen prohibida la venta para uso recreativo, como Colorado Springs, Golden y Glenwood Springs. El hecho de que en Nuevo México esté restringido su uso recreativo hace que una gran cantidad de tiendas se distribuyan en localidades de la frontera sur. También hay muchas en la diagonal que va desde Boulder a Gunnison, a pesar de los escasos habitantes, lo que apunta a un consumo por parte de los turistas.

El deporte es otro de los atractivos, frente a la idea generalizada de la obesidad del estadounidense medio. El deporte profesional tiene mucha fuerza en Colorado, con representantes en las mejores ligas del país de baloncesto, hockey sobre hielo, fútbol americano, soccer y béisbol, pero lo más destacado es el impresionante desarrollo del deporte universitario, amateur y, sobre todo, de aventura —rafting, escalada, bicicleta de montaña, senderismo—, así como el invernal, que gracias a las copiosas nevadas y el frío se extiende hasta comienzos del verano. El esquí de travesía, las raquetas de nieve y el snowboard son muy populares; además, en Colorado se encuentran algunas de las mejores pistas del mundo, como Aspen o Vail, por la calidad de la nieve —a menudo albergan el rodaje de películas, como las escenas invernales de Centauros del desierto—. Entre otros lugares del estado, las Rocosas también han sido un destino obligado en el rodaje de infinidad de películas, algunas tan exitosas como El resplandor, El truco final, Dos tontos muy tontos y westerns primigenios —Colorado Jim, Juntos hasta la muerte, Los cowboys, Dos hombres y un destino…—.

Los problemas del Colorado alternativo

Conforme se han ido consolidando, los movimientos alternativos también han marcado la política. Ya en 1970, después de que Denver consiguiera los Juegos Olímpicos de Invierno de 1976, un referéndum ciudadano apostó por no invertir dinero público y rechazar el evento con el apoyo del futuro gobernador Richard Lamm, un férreo defensor del medio ambiente, lo que influyó en su decisión. Esta ha sido la única vez en la Historia que una ciudad elegida para celebrar unos Juegos Olímpicos rechazaba organizarlos, un ejemplo más entre los muchos indicadores de una realidad diferente. Y esto, lógicamente, se refleja en la política. Quizás lo de menos sean las elecciones presidenciales de 2016, en las que el Partido Demócrata se impuso al Partido Republicano por un estrecho margen —inferior al 5%— y alteró el mar republicano circundante —a excepción de Nuevo México—.

Su actual gobernador, el geólogo demócrata John Hickenlooper, representa en buena medida los ideales del hecho cultural alternativo. Como no podía ser de otro modo, fue cofundador de una cervecería en Denver —Winkoop— y ha promovido una suerte de políticas progresistas que, en opinión de algunos, tienen mucho de cosmético. Entre estas medidas, destaca la legalización de la marihuana en 2012 a través de la Enmienda 64 a la Constitución de Colorado. Además, se declara en contra de la pena capital, promueve el control de las armas e incluso ha permitido la acogida de refugiados de países islámicos —la ciudad de Denver está hermanada con Bagdad—. Otras medidas en el plano económico son la creación de un fondo para la recuperación en caso de desastres naturales —inundaciones, incendios, desprendimientos…—, frecuentes en las Rocosas, y de un plan a diez años para acabar con el sinhogarismo cuando era alcalde de Denver.

La juventud universitaria, sin embargo, quiere profundizar más en los problemas, y el fenómeno de Bernie Sanders iluminó las esperanzas de reformas más profundas a escala federal, por ejemplo la enorme brecha salarial entre mujeres y hombres, el empleo basura, el precio de las matrículas universitarias o el alza de los precios. Sanders arrebató con facilidad los compromisarios a Hillary Clinton en las primarias del Partido Demócrata en Colorado. En los días previos, no dudó en visitar Fort Collins en un multitudinario mitin celebrado en marzo de 2016 en la Universidad Estatal de Colorado, donde proliferan los grupos de acción política.

De todos esos problemas sistémicos, el más genuino de Colorado es el alza de los precios, en especial de la vivienda, una consecuencia clara del proceso de gentrificación que están viviendo las zonas más atractivas para la vida —Boulder, Fort Collins y el área metropolitana de Denver—. La llegada a Colorado de población con un alto nivel económico atraída por la calidad de vida, el medio natural y el desarrollo cultural era en un principio un hecho positivo para un interior muy despoblado, pero ha traído consigo la temida gentrificación. En abril de 2018 el precio de una vivienda unifamiliar rompió todos los récords: 390.000 dólares de media, un 9,5% más que el año anterior. El precio del alquiler no se queda atrás y superaba los mil dólares en 2016, entre 300 y 500 más que en los estados fronterizos.

Denver y las Rocosas contra los Estados Unidos de Trump

El clásico debate centro-periferia y la disputa entre urbanitas y ecologistas acomodados por un lado y los habitantes del medio rural —llamados despectivamente rednecks, ‘cuellos rojos’— por el otro se ejemplifica de manera nítida en Colorado. La singularidad de la vida en el entorno de las Rocosas y en el área metropolitana de Denver contrasta con sus llanuras, especialmente hacia el este, en las fronteras con Oklahoma, Kansas y Nebraska, donde la idea trumpista de un Estados Unidos rural se impone con claridad. Podemos ver cómo los pozos para el frackingfracturación hidráulica’— y las grandes explotaciones agrícolas y ganaderas industriales aparecen como una llamada de atención de que entramos en el Estados Unidos profundo. Se trata de condados sin carteles que prohíban las armas de fuego, donde el country y el rodeo aún tienen su oportunidad —por ejemplo, el rodeo de Grover, un pueblo con un centenar de habitantes en el condado de Weld—. A pesar de que los acuíferos tienen problemas importantes al entrar en contacto sus aguas con las bolsas de gas y petróleo y con los productos químicos de las explotaciones agrarias de regadío y las granjas de vacuno, las medidas medioambientales a nivel estatal son cuestionadas, en buena medida por la influencia en los medios de comunicación de las corporaciones implicadas.

Los condados marginales fronterizos y en las llanuras del este se ven perjudicados por la globalización y las directrices económicas y culturales emitidas desde la capital; el distanciamiento sentimental es cada vez mayor. El sueldo medio de algunos condados del área metropolitana de Denver, como Douglas o Broomfield, duplicaba en 2016 al de condados de las llanuras del este —Sedgwick, Kiowa…—. Estas son algunas de las claves de la victoria de Donald Trump, un hecho que ha sido muy analizado desde el punto de vista económico, pero quizás no tanto desde el punto de vista de la batalla cultural. Y es que esta parece ir más allá del aspecto económico; algunos de los condados con los salarios más bajos del estado pertenecen al interior de las Rocosas y votaron a los demócratas —Gunnison, Saguache, Alamosa…—.

Esto es el resultado de una sociedad completamente fragmentada en la lógica centro-periferia o, lo que es lo mismo, ciudad-campo. Mientras en Denver y Boulder los votos de Clinton duplicaron a los de Trump, en condados poco poblados como Moffat, Kit Karson, Río Blanco, Baca, Lincoln o Washington el actual presidente arrasó triplicando en votos a los demócratas. Es curioso ver cómo los condados demócratas dibujan el recorrido de las Rocosas e incluyen incluso los deprimidos condados de Alamosa, Costilla y Saguache. Su voto también marca los espacios más poblados y los ejes de las interestatales 70 y 25. El mapa de votos a terceras opciones señala el mismo panorama —con algunas excepciones—, lo que parece indicar un descontento con el Partido Demócrata, con los candidatos o con el sistema en general.

Un futuro más allá de Estados Unidos

Todavía es difícil encontrar familias en Colorado con ascendencia de más de dos generaciones; sin embargo, desde hace unos años el arraigo de los habitantes no deja de crecer. Escuchamos habitualmente que Estados Unidos es un país donde el patriotismo de la unión nacional se impone, pero están surgiendo síntomas de un cierto arraigo local en estados trazados a escuadra y cartabón; actualmente se pueden ver muchas banderas de Colorado compitiendo con las de Estados Unidos en las calles principales. Al inicio del fenómeno identitario se añade la mezcla de la cultura hispana procedente desde Nuevo México por la interestatal 25. Los restaurantes de comida mejicana proliferan y los tacos, burritos y quesadillas se hacen parte de la dieta más allá de los copiosos brunch o del pollo frito al estilo sureño.

Para ampliar: “Estados Unidos, un país de identidades”, Álex Maroño en El Orden Mundial, 2018

No obstante, las desigualdades económicas, territoriales y culturales entre regiones son tan grandes que los objetivos identitarios son dispares. Una de las propuestas con más bagaje y repercusión es la secesión de Colorado del Norte; a esta iniciativa se han unido buena parte de los condados del noreste de Colorado, junto con algunos de Kansas y Nebraska. Otros a priori incluidos, como Larimer —donde se encuentra Fort Collins—, mantienen una postura ambigua al estar en una posición ventajosa frente al resto. En general, los condados promotores ven cómo sus infraestructuras y servicios están en un estado de abandono total, la despoblación acucia y sus hijos deben recorrer cada vez más millas para ir al colegio. En la frontera norte, algunos de estos condados ven también un mejor estado de las infraestructuras de la poco poblada Wyoming, regada por sus amplias reservas de gas, lo cual alimenta el recelo con el que el medio rural mira a los urbanitas alternativos que desde Denver imponen políticas que chocan con sus intereses económicos y culturales.

Las especificidades de Colorado lo convierten en un estado diferente, capaz de domesticar el Salvaje Oeste y que está generando un arraigo importante en sus gentes. Quién sabe si en el futuro reconfigurará el mapa ortogonal característico de los Estados Unidos.

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