La República Islámica de Irán se enfrenta a uno de sus mayores desafíos internos desde la Revolución iraní de 1979. Las nuevas movilizaciones, que estallaron en diciembre por la mala situación económica, han dejado miles de muertos y detenidos, y han amenazado la continuidad de la teocracia islámica. Por si esto fuera poco, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha esbozado la posibilidad de intervenir en el país si las fuerzas de seguridad iraníes seguían matando manifestantes.
Aunque el régimen tiene capacidad para aguantar estas manifestaciones, este ciclo de protestas marcará un punto de inflexión en su futuro. La impopularidad de la teocracia iraní, la crisis económica y su creciente aislamiento internacional ponen en duda su supervivencia a medio plazo. El ocaso de la República Islámica abre la puerta a nuevos escenarios en Irán, como el establecimiento de una dictadura militar, una coalición opositora que impulse una transición democrática o incluso la descomposición del país. En cualquier caso, la caída del régimen teocrático en Teherán tendría un impacto profundo en Oriente Próximo.
El régimen puede resistir, pero más dividido y debilitado
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