Que el Parlamento Europeo tenga su sede repartida entre Bruselas, Estrasburgo y Luxemburgo no convence a muchos. Ya nadie duda en usar el nombre de la primera para referirse a la Unión, o al menos a la Comisión Europea, que sí tiene allí su única casa. Pero el caso de Estrasburgo es más complejo. Oficialmente es sede de la Eurocámara desde 1992, fruto de un acuerdo entre Francia y Bélgica: Estrasburgo, ciudad francesa, celebraría las sesiones ordinarias, una al mes, y el resto de actividades se centralizarían en la capital belga. Menos debate generó que la Secretaría General estuviese en Luxemburgo, ya que esta ciudad también acoge al Tribunal de Justicia de la UE.
Cuando uno pone un pie en Estrasburgo no sabe muy bien si está en Francia o Alemania. La ciudad es capital de Alsacia, una región que ha protagonizado disputas históricas entre ambos países: ha cambiado de manos cuatro veces en menos de un siglo, la última tras la Segunda Guerra Mundial. Esos cambios han convertido a la urbe francesa en un símbolo de la paz en Europa y del eje franco-alemán, y explican por qué se la eligió para albergar las instituciones europeas.
El origen de la sede de Estrasburgo antecede a la propia Unión. Cuando se fundó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), antecesora de la UE, en 1952, su sede se estableció en esa ciudad. Entonces Estrasburgo ya albergaba el Consejo de Europa, organización regional de la que depende el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, más conocido como Tribunal de Estrasburgo. Poco después, en 1958, se creó la Comunidad Económica Europea, el precedente directo de la UE. La Comisión y el Consejo de Ministros de la nueva organización centralizaron sus labores en Bruselas, lo que derivó en la dualidad actual. Este puente aéreo se consolidó en los años noventa, cuando la UE ya estaba en pleno desarrollo.
El Parlamento también quiere cerrar Estrasburgo
Para la Unión Europea, que encadena la Gran Recesión de 2008 y ahora la pandemia, mantener varias se...