Cuando en enero de 2019 Jair Bolsonaro juró el cargo como presidente de la República Federativa de Brasil, muchos se cuestionaron si la potencia latinoamericana sería capaz de resistir el empuje de la corriente populista que lidera el mandatario. Esta presidencia será una prueba considerable para la democracia y la cohesión social del país. Muchos colectivos brasileños ya han mostrado su rechazo a algunas de las medidas más polémicas que ha ido anunciando recientemente el nuevo Ejecutivo. Sin embargo, son las Fuerzas Armadas las que parecen ser el actor nacional más capacitado para mantener los difíciles equilibrios de intereses del juego político.
Los distintos círculos de poder intentan influir en la política interna y externa del nuevo mandatario. Sin embargo, el militar retirado ha encontrado rápidamente algunas desavenencias entre los miembros de su equipo de confianza. El vicepresidente, Hamilton Mourão, y el ministro de Defensa, Fernando Azevedo e Silva, representan esa vertiente más moderada y comedida del nuevo Ejecutivo. Los dos son generales retirados y representan la visión pragmática que caracteriza a las Fuerzas Armadas desde la restauración de la democracia. Sus principales discrepancias con el presidente vienen dadas precisamente en política exterior, seguridad y las grandes líneas económicas.
Para ampliar: “Jair Bolsonaro, el favorito de la derecha brasileña”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2018
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