Washington pretendía fortalecer el poder regional de Israel para estabilizar la zona y centrarse en Asia. Un año después de iniciarse la guerra en Gaza, no ha podido contener a su aliado y evitar una expansión del conflicto.
¿Qué tienes que saber?
- Estados Unidos ha perdido la confianza en Israel. Según funcionarios estadounidenses, Washington desconfía de los planes israelíes más aún después de que su ministro de Defensa, Yoav Gallant, les advirtiera del asesinato del líder de Hezbolá minutos antes. Esta crisis se produce cuando se espera respuesta inminente de Israel al último ataque de Irán.
- La relación Estados Unidos-Israel se ha erosionado este año. El presidente estadounidense, Joe Biden, le reprochó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no hacer lo suficiente para un alto al fuego en Gaza. Las tensiones también crecieron por las invasiones israelíes de Rafah y Líbano, y por el asesinato del líder de Hamás sin previo aviso.
- Pese a todo, Estados Unidos ha seguido apoyando a Israel. Washington ha mantenido el suministro de armamento a su aliado, vetó en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la admisión de Palestina en la ONU y criticó la decisión del fiscal de la Corte Penal Internacional de solicitar una orden de detención contra Netanyahu.
- La relación con Israel se ha colado en la campaña estadounidense. La candidata demócrata, Kamala Harris, evitó calificar a Netanyahu como «aliado cercano» del país. Por su parte, el aspirante republicano, Donald Trump, instó a Israel a atacar instalaciones nucleares iraníes.
La guerra en Gaza ha sido un gran quebradero de cabeza para el Gobierno de Biden este año. Durante este tiempo, la ofensiva israelí en la Franja ha dejado casi 42.000 muertos y dos tercios de los edificios dañados o destruidos. Descubre más sobre las consecuencias de este asedio en el siguiente mapa:
¿Por qué es importante?
- La guerra en Oriente Próximo es la gran mancha de Biden en política exterior. Su objetivo era normalizar las relaciones entre Israel y Arabia Saudí y pacificar la zona. Sin embargo, se irá con una guerra regional y sin haber impedido que Israel cruzara sus líneas rojas.
- La desobediencia israelí también constata el fracaso estadounidense en la región. Washington apostó por delegar la seguridad regional en Israel para salir de allí y centrarse en China. En su lugar, las acciones israelíes han desestabilizado la zona aún más y están arrastrando a Estados Unidos a una escalada regional que no desea.
- Oriente Próximo refleja el declive de Estados Unidos como potencia hegemónica. Israel sigue dependiendo de su aliado, pero Washington ya no logra impulsar un alto al fuego o contener a Tel Aviv, como sí hizo Ronald Reagan en 1982 durante la guerra civil libanesa. Entretanto, el apoyo estadounidense a Israel ha dañado su credibilidad internacional.
- El distanciamiento de Kamala Harris con Netanyahu sigue una lógica electoral. La aspirante demócrata busca alejarse de la postura proisraelí de Biden y no perder el apoyo de la numerosa comunidad árabe propalestina de Míchigan, un estado clave en los comicios.
¿Qué cabe esperar?
- Consolidar a Israel como policía de Oriente Próximo no pacificará la región. En cambio, se abrirá un escenario más conflictivo, donde Israel combatirá al Eje de la Resistencia en diversos frentes. Además, legitimará la violencia como instrumento para ganar influencia.
- La situación en Oriente Próximo influirá en las elecciones de Estados Unidos. Es probable que el apoyo de Biden a Israel reduzca la participación del electorado de origen árabe en Míchigan, más proclive a votar por el Partido Demócrata. Trump podría beneficiarse de esa abstención y ganar uno de los principales estados en disputa.
- El resultado electoral no cambiará la realidad de Estados Unidos en Oriente Próximo. Aunque Trump sea más cercano a Netanyahu, tanto él como Harris quieren acabar la guerra y salir de la región. Pero al igual que Biden, ambos candidatos seguirán atados a su alianza con Tel Aviv.

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Una oleada de huracanes sacude Estados Unidos
El huracán Helene dejó más de 230 muertos la semana pasada. Ahora, un nuevo ciclón amenaza con arrasar Florida.
Las tres claves
- El mal temporal está golpeando con fuerza al sureste de Estados Unidos. La semana pasada, los principales damnificados por el huracán Helene fueron los condados occidentales de Carolina del Norte. Se espera que el huracán Milton atraviese Florida en las próximas horas y el estado está en alerta máxima porque puede ser uno de los más catastróficos de la historia.
- El desastre natural ha entrado en la campaña electoral. Trump acusó falsamente al Gobierno de no ayudar a los afectados por desviar fondos para «inmigrantes ilegales». El republicano también mintió al afirmar que Biden no respondió a las llamadas del gobernador de Georgia.
- Trump busca que el huracán Helene se convierta en la «sorpresa de octubre». Este término alude a los eventos que ocurren en la víspera de las elecciones y que pueden influir en el resultado final. El magnate republicano sabe que Carolina del Norte y Georgia son dos estados en disputa y pretende agitar el malestar de su población para atraer votos.
Elecciones municipales en Brasil
La primera vuelta de los comicios confirma el giro hacia la derecha del electorado y muestra una menor polarización en el país.
Las tres claves
- El centroderecha ha sido el vencedor en primera vuelta. Los partidos que más alcaldías lograron fueron las fuerzas tradicionales: el Partido Social Democrático y el Movimiento Democrático Brasileño. El Partido Liberal —la formación ultraderechista del expresidente Jair Bolsonaro— mejoró en las grandes ciudades, pero fracasó en Río de Janeiro.
- La izquierda crece respecto a 2020, pero sigue rezagada. El Partido de los Trabajadores del actual presidente, Lula da Silva, no ha ganado en ninguna capital en primera vuelta y disputará la segunda en cuatro de ellas el próximo 27 de octubre. Ni Lula ni Bolsonaro se han involucrado activamente en la campaña.
- La batalla más intensa se dará en São Paulo, la mayor ciudad de Brasil. El actual alcalde, el derechista Ricardo Nunes, se disputará la reelección con Guilherme Boulos, el izquierdista apoyado por Lula. Ambos avanzaron hacia el balotaje tras superar a Pablo Marçal, un outsider que ha crecido especialmente entre los votantes evangélicos.







