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“En un juicio, Biden sería probablemente visto como lo hizo durante nuestra entrevista: como un hombre de edad avanzada, comprensivo, bien intencionado y con mala memoria”. En tan sólo una frase de su informe, Robert Hur, el fiscal que investigó al presidente por posible mal manejo de documentos confidenciales, lanzó una bomba política contra el candidato demócrata el pasado febrero. “Sé muy bien lo que estoy haciendo”, le replicó Biden.
Pero el daño ya estaba hecho: para la opinión pública, el presidente es un anciano que palidece ante el vigor de Trump, de 77 años. El informe de Hur tan sólo ha reforzado los temores demócratas de cara a las elecciones presidenciales de noviembre. Cuando Biden se impuso ante Trump hace cuatro años, su edad era uno de sus mayores activos. Tras ejercer como senador durante 36 años y como vicepresidente con Obama, “el tío Joe” prometió utilizar su amplia experiencia para devolver la “normalidad” a Estados Unidos tras el asalto al Capitolio instigado por Trump.
Pero cuatro años después, Trump vuelve a ser el candidato republicano y muchas figuras demócratas han pedido a Biden que deje paso a una nueva generación. “El presidente Biden ha hecho un trabajo espectacular por nuestro país”, dijo Dean Phillips, excongresista demócrata que se enfrentó a él por la nominación presidencial este año. “Pero esta elección no trata del pasado sino del futuro”. Su mensaje no caló y Biden se impuso en todas las primarias regionales menos en Samoa Americana. De revalidar el cargo en noviembre, se retiraría de la Casa Blanca en enero de 2029 con 86 años, trece más que la esperanza de vida de los varones estadounidenses.
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