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El Amazonas, un aliado para la expansión del coronavirus

El Amazonas, un aliado para la expansión del coronavirus
Canoas en el río Amazonas. Fuente: Francisco Chaves (Flickr)

Además de una gran biodiversidad, el Amazonas alberga algunas ciudades importantes y un gran número de poblaciones indígenas. La densidad de la vegetación y la geografía del territorio dificultan las comunicaciones, y muchas de ellas se realizan por vía fluvial. Sin embargo, la llegada del coronavirus a la región ha convertido el río en un vector de contagio difícil de controlar.

Tras haber golpeado duramente algunos países asiáticos y europeos en los últimos meses, el coronavirus se expande por el continente americano. Estados Unidos se convirtió a principios de abril en el país con más contagios, aunque a finales de mayo el epicentro de la pandemia ha pasado a América Latina, donde las acusadas desigualdades y la debilidad estatal están dificultando la contención de los contagios. El tiempo ha jugado en favor de los países latinoamericanos, que ya cuentan con la experiencia de los que sufrieron antes el virus. Sin embargo, juegan en su contra sus débiles sistemas sanitarios y la falta de pruebas diagnósticas y equipos de protección. Sus características geográficas, además, dificultan el acceso y la comunicación con ciertas zonas como el Amazonas, complicando el traslado de pacientes, el envío de material y la recogida de información. 

Para ampliar: “Cómo el cambio climático hace más probable una nueva pandemia”, Daniel Rosselló en El Orden Mundial, 2020

Las ciudades amazónicas, golpeadas por el virus

La llegada del virus al Amazonas ha superado las capacidades de las ciudades de la zona, el único lugar donde se concentran los hospitales. Sin embargo, ni siquiera estas ciudades disponen de los equipos necesarios para tratar a los pacientes más graves. Manaos, la única ciudad del estado brasileño de Amazonas, es un buen ejemplo. El primer contagio se registró el 13 de marzo; dos meses y medio después, Manaos es la ciudad más afectada del país, y el estado de Amazonas el segundo con más contagios por millón de habitantes. La saturación de los hospitales de la ciudad impide mantener las distancias entre pacientes, lo que provoca que todos ellos terminen por contraer el virus. Además, su sistema funerario está sobrepasado, y ha sido necesario enterrar a los fallecidos en fosas comunes. El alcalde de Manaos ha llegado a pedir ayuda a la comunidad internacional, ya que Brasil es el segundo país con más contagios del mundo pero el presidente Bolsonaro rechaza las medidas de aislamiento y no se hacen suficientes pruebas. 

Otra de las ciudades de la región más afectadas es Iquitos, en el departamento peruano de Loreto. Perú es el segundo país con más casos de América Latina, por detrás de Brasil, y sí ha decretado una cuarentena nacional. Sin embargo, los casos siguen aumentando, en parte por el alto número de pruebas que se están realizando, pero también por la dependencia de la economía informal, que obliga a la población a seguir trabajando para obtener ingresos día a día. Por si fuera poco, mientras el coronavirus llegaba al Amazonas peruano en marzo de 2020, el departamento de Loreto comenzaba a reportar casos de dengue, una epidemia que recorre Perú desde octubre de 2019. El sistema sanitario de Iquitos, ya saturado por el dengue, no tiene capacidad para tratar la nueva amenaza del coronavirus. 

Los hospitales de Leticia, la ciudad más grande del Amazonas colombiano, tampoco cuentan con los equipos de protección necesarios. Leticia se encuentra justo en la frontera brasileña, y colinda con la ciudad brasileña de Tabatinga, de la cual depende enormemente. A pesar de que el Gobierno colombiano decretó el cierre de Leticia y del estado de Amazonas a partir del 15 de mayo, Leticia y Tabatinga están apenas separadas por una calle y sus poblaciones la cruzan a diario, dificultando el control de la frontera. Se ha autorizado a los Gobiernos locales a tomar medidas de aislamiento, pero la negativa del Gobierno brasileño a adoptar una cuarentena nacional afecta a la gestión del virus también en esta ciudad colombiana.

Estas ciudades se encuentran en una región de difícil acceso compartida por Colombia, Brasil y Perú, y la situación requeriría de una estrategia común de los tres países. Sin embargo, hasta la fecha solo Colombia y Brasil han mantenido reuniones conjuntas. Los tres Gobiernos, junto a otros seis de la región, también participaron en marzo en el Foro Prosur para coordinar una respuesta a la pandemia, pero las medidas acordadas no han ido más allá del control de fronteras y el retorno de ciudadanos nacionales. 

Para ampliar: “La deforestación del Amazonas”, Teresa Romero en El Orden Mundial, 2019

El río, ruta de abastecimiento y vía de contagio

Las características de la selva amazónica hacen casi imposibles las comunicaciones terrestres entre poblaciones, y se utiliza el río como vía de transporte. El río Amazonas es el más caudaloso del mundo y es navegable desde Iquitos hasta su desembocadura en el Atlántico, pasando por Leticia y Manaos. Así, el 90% de los transportes de pasajeros y mercancías en el Amazonas peruano se realizan por vía fluvial, y el 85% en el brasileño. Las comunidades locales son altamente dependientes del río.

Debido al tránsito fluvial regular, el coronavirus ha planteado un problema en el control de los contagios entre distintas ciudades. En muchos casos, las ciudades ribereñas son altamente dependientes entre sí, lo cual facilita que el virus viaje de unas a otras e incluso traspase fronteras internacionales. Manaos es el principal puerto a lo largo del río, y abastece a las otras ciudades y comunidades que viven en sus orillas. Debido a los riesgos de contagio, el Gobierno de Brasil ha regulado el tránsito fluvial, restringido el transporte de pasajeros aunque con algunas excepciones, como las emergencias sanitarias. 

El transporte de mercancías, por el contrario, ha mantenido su afluencia habitual, ya que es imprescindible para el abastecimiento. Al igual que Brasil, Colombia y Perú han cerrado sus fronteras terrestres, marítimas y fluviales al tránsito de pasajeros, y solo permiten el transporte internacional de mercancías. Con todo, ha habido problemas, como en la ciudad colombiana de Leticia. Debido a la densa selva que rodea la ciudad y a su aislamiento del resto del país, la comunicación con el exterior solo es posible por vía fluvial o aérea, por lo que los suministros que llegan son pocos y discontinuos, provocando escasez de tanques de oxígeno en plena emergencia sanitaria. 

Para ampliar: “Deforestación y fuego en el Amazonas de Bolsonaro”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2019

La amenaza a los indígenas

Uno de los grandes miedos que plantea la expansión del coronavirus en el Amazonas es que afecte a las poblaciones indígenas, mucho más vulnerables al virus, ya que sus sistemas inmunes están menos desarrollados por la falta de contacto con otras personas. En la Amazonía viven aproximadamente un millón de indígenas en unas cuatrocientas comunidades. Si el coronavirus se expandiese entre los indígenas podría hacer desaparecer a algunos grupos, causando una importante pérdida cultural. Ante el rápido avance del virus, muchas comunidades se han aislado voluntariamente adentrándose en la selva y restringiendo el contacto con otras poblaciones. Al mismo tiempo, las organizaciones indígenas solicitan una acción efectiva de los Gobiernos para proteger sus tierras y comunidades, ya que consideran que su situación está siendo ignorada.

Las epidemias de cocoliztli, una enfermedad desconocida entonces que se ha identificado como la salmonela, afectaron gravemente a las poblaciones indígenas de México, cuyos sistemas inmunitarios no estaban preparados para las enfermedades que traían los colonizadores europeos.

A pesar de las precauciones, la primera muerte por covid-19 de una anciana borani se produjo en Brasil a finales de marzo, y se teme que la fallecida pudiera haber contagiado a otras personas. Otro joven indígena yanomami brasileño murió el 9 de abril, y se cree que fue contagiado por los mineros que trabajan de manera ilegal en esas tierras. Se han restringido los movimientos para que las personas ajenas no puedan acercarse a las tribus que viven aisladas, incluido al personal sanitario, después de que un médico contagiara a varios indígenas en Brasil. Pero se teme que los mineros ilegales estén aprovechando la situación de alarma para intensificar su actividad, incrementando además el riesgo de contagio de las comunidades locales. Lo mismo ocurre con la deforestación ilegal, que no se ha frenado con la llegada del virus, sino todo lo contrario: en abril de 2020 esta fue un 64% mayor que en abril del año anterior. Además de representar un peligro para la salud de los indígenas, estas actividades ilegales degradan los recursos naturales y las tierras ancestrales a las que tienen derecho según la Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los indígenas.

El control del coronavirus en el Amazonas presenta grandes desafíos. Quizá el más importante sea el de las ciudades con sistemas sanitarios poco desarrollados: sin capacidad para atender a la población ni recursos para proteger al personal médico. Por otra parte, esta es una región compartida por varios países donde las fronteras están poco definidas, lo cual dificulta considerablemente el control, más si cabe si los Gobiernos de Brasil, Perú y Colombia no cooperan en esta tarea.

Por otro lado, aunque las ciudades amazónicas ya están saturadas, todavía es imprescindible frenar el avance del coronavirus para reducir su impacto en las poblaciones indígenas. Las organizaciones de pueblos indígenas, conscientes del peligro para su salud y sus tierras, han lanzado un llamamiento a sus Gobiernos y a las organizaciones internacionales para que se pongan en marcha medidas específicas. De las políticas de los Gobiernos de los países amazónicos depende la preservación del patrimonio cultural de estos pueblos así como de la biodiversidad de la selva.

Para ampliar:“El indigenismo latinoamericano: la construcción moderna de Abya Yala”, Victoria Ontiveros en El Orden Mundial, 2019