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La nueva ofensiva rusa en Ucrania no avanza tan rápido como Vladímir Putin había previsto. Pese a los cientos de miles de civiles reclutados para la guerra, la “operación especial” lleva más de un año y acumula en torno a 200.000 bajas y casi 10.000 vehículos militares destruidos. Estados Unidos y la Unión Europea estudian formas de mejorar las sanciones para dañar todavía más a la industria militar rusa y poner fin a los vacíos a través de terceros países. Putin, mientras tanto, ha tenido el apoyo de Bielorrusia, con su territorio como lanzadera de la ofensiva y con el tejido industrial a su servicio.
Sin embargo, el presidente ruso sabe que ese respaldo no basta para doblegar a Ucrania. Por ello aspira a crear una alianza de países autoritarios contra Kiev y sus apoyos internacionales. Irán, Corea del Norte y China: todos comparten una ideología opuesta al bloque occidental. Los ayatolás, Kim Jong-un y Xi Jinping quieren aprovecharlo, pero sobre todo son conscientes de que tienen mucho que ganar si la OTAN se empantana en Ucrania para así actuar en sus respectivas zonas de influencia.
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