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Al Sisi frente al nuevo despertar de Egipto

Al Sisi frente al nuevo despertar de Egipto
Protestas contra el Gobierno de Al Sisi a las puertas de la embajada egipcia en Londres. Fuente: Alisdare Hickson (Flickr)

Cientos de jóvenes en las calles pidiendo la caída del régimen egipcio, movilizaciones por redes sociales, bloqueos a sitios web, detenciones arbitrarias... Podría ser la revolución de 2011, en la que el presidente Hosni Mubarak fue derrocado. Pero se trata de 2019. Ocho años después vuelven ecos de esos días. Sin embargo, el régimen de Abdelfatá al Sisi ha aprendido de los errores de su antecesor y va a ser más difícil hacer tambalear sus cimientos.

Entre los días 20 y el 23 de septiembre cientos de personas salieron a protestar contra el régimen de Abdelfatá al Sisi en las calles de El Cairo y otras ciudades egipcias como Alejandría o Suez. Con los mismos eslóganes que se corearon en su momento durante la revolución de 2011, la gente pedía una vez más “la caída del régimen”. El pueblo egipcio, en una situación económica, social y política más inestable que en el año 2011, ha vuelto a las calles en las primeras protestas serias que afronta el presidente egipcio desde que llegó al poder dando un golpe de Estado en 2013. En más de cinco años, Al Sisi se ha demostrado incapaz de mejorar la calidad de vida de un país al que cada vez más le cuesta ponerse de pie. 

La convocatoria de las protestas ha sido liderada por Mohamed Alí, un empresario y actor egipcio autoexiliado en Barcelona que ha utilizado las redes sociales para hacer oír su mensaje. El 2 de septiembre publicó varios vídeos en YouTube denunciando la corrupción del Gobierno egipcio en megaproyectos como la ampliación del canal de Suez y la construcción de palacios para altos cargos políticos y militares del país. Además, exigía el cobro de más de 200 millones de libras egipcias (unos 10 millones de euros) a cuenta de un trabajo que había realizado su empresa bajo la supervisión del Ejército egipcio. La indignación de la población egipcia fue canalizada por Twitter, dónde etiquetas como “Basta ya Sisi” llegaron a tener más de un millón de tuits en un día

Para ampliar: “El invierno egipcio”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2018

¿Aires de cambio en el mundo árabe?

Las protestas que tuvieron lugar en Egipto no son las únicas que han tenido lugar en la región este año. Las sociedades de distintos países árabes están demandando cambios en regímenes que se han demostrado incapaces de responder a las necesidades del pueblo. Tanto en Argelia como en Sudán movilizaciones populares derrocaron a los históricos líderes Bouteflika y Al Bashir respectivamente, y en el Líbano e Irak han surgido movilizaciones inmediatamente después de las protestas de Egipto. Las motivaciones pueden ser distintas dependiendo de cada país, pero el objetivo es el mismo: mejorar un sistema que no funciona y que ha relegado las necesidades de la mayoría a un segundo plano. La posibilidad de que una nueva ola revolucionaria sacuda al país del Nilo ha generado nuevas esperanzas en Oriente Próximo y el Norte de África. Una revolución en Egipto, considerado el corazón del mundo árabe, podría convirtiese en el epicentro de un terremoto político que sacuda los cimientos de la región.

Para ampliar: “Los retos de una transición en Sudán sin Al Bashir”, Elena Jiménez en El Orden Mundial, 2019

Lo que ha llamado la atención en las protestas es la juventud de la mayoría de las personas que participaron en ellas. Los ciudadanos que salieron a la calle a protestar contra el régimen de hierro del mariscal Al Sisi vivieron de niños la revolución del 2011. Ellos vieron caer el faraónico régimen de Mubarak y no sufrieron la posterior represión desatada por Al Sisi inmediatamente después de su asalto al poder, como sí aquellos que lideraron la revuelta de hace más de ocho años. La elevada tasa de pobreza, que alcanza a más de un tercio de la población, la también alta tasa de desempleo juvenil, que afecta a más del 30% de los jóvenes del país, y la falta de expectativas laborales y de vida son varios de los motivos que han empujado a la juventud egipcia a las calles.

“Sisi ladrón”. Dibujo del artista egipcio Ganzeer tras las protestas del 20 de septiembre. Fuente: Twitter

Sin embargo, mientras en algunos países la población parece haber abrazado oportunidad de un cambio político, en otros las élites miran con temor un nuevo levantamiento que pueda potencialmente modificar las relaciones de poder en Oriente Próximo y el Norte de África. Los países del Golfo, principalmente Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, temen un cambio político que ponga en riesgo su alianza con Egipto y les debilite a nivel regional. Es por eso por lo que no han tardado en acusar a los siempre temidos Hermanos Musulmanes de estar detrás de las protestas, con el objetivo de desprestigiar las movilizaciones tanto dentro de la región como a nivel internacional.

Para ampliar: “Los Hermanos Musulmanes: islamismo más allá de Egipto”, Airy Domínguez en El Orden Mundial, 2019

La posibilidad de que estalle una nueva revuelta árabe ha reactivado el enfrentamiento existente entre el llamado Cuarteto árabe —formado por Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Egipto y Bahrein— y el eje Qatar-Turquía-Irán. Las acusaciones del Gobierno egipcio sus aliados a los Hermanos Musulmanes ha venido acompañada de las críticas por parte de los medios de comunicación estatales a la cadena televisiva Al Jazeera, de propiedad catarí. La cobertura mediática lanzada por la televisión del emirato árabe enfadó al régimen egipcio, que acusó a Al Jazeera de estar mintiendo, afirmando que las calles y plazas egipcias estaban tranquilas.

Desde Occidente, mientras tanto, más preocupados por la estabilidad de una región estratégica en la economía internacional que por los derechos de la población, las respuestas han sido bastante desoladoras para aquellos con voluntad de cambio. Estados Unidos, que tiene en Egipto uno de sus principales aliados en la región, no ha tardado en defender el régimen de Al Sisi, al que Donald Trump calificó en el pasado como “su dictador favorito”, a la vez que consideraba que su liderazgo era la única opción viable contra una posible expansión del fundamentalismo islámico por toda la región. La Unión Europea, incapaz como de costumbre de tener una posición consensuada, se ha mantenido al margen esperando que el problema se solucione por sí solo, olvidando ese discurso sobre la democracia y los derechos y libertades sobre los que se basa la Unión.

Para ampliar: Al Jazeera, mucho más que una televisión”, David Hernández en El Orden Mundial, 2016

Detenciones, bloqueos en Internet y migajas de pan: la respuesta del régimen

La reacción del régimen ha sido feroz contra aquellos que participaron en las protestas, pero también contra cualquier persona con capacidad de movilizar a la población y poner en duda la legitimidad del presidente Al Sisi. En Egipto, un país con más de 60.000 presos políticos, se ha desatado una persecución contra participantes en las manifestaciones, altos cargos militares discrepantes, activistas,  abogados, periodistas críticos y líderes de la revolución del 2011, entre los que cabe destacar la detención de Alaa Abdelfatá, una de las cabezas visibles de las protestas de 2011. El Gobierno egipcio está blindándose frente a un posible levantamiento a la vez que avisa: cualquiera dispuesto a desafiar su autoridad será perseguido por la poderosa maquinaria del Estado.

Paralelamente, durante y tras las protestas, el régimen bloqueó gran cantidad de redes sociales y medios de comunicación.  El 20 de septiembre, el Gobierno envió una carta a todos los corresponsales internacionales en el país en la que definía normas de buenas prácticas periodísticas, una sutil pero directa advertencia que informaba a los periodistas en el país que no iba a tolerar críticas al régimen. La primera página en ser bloqueada fue BBC Arabic, bajo el pretexto de dar una cobertura “inexacta” de la situación. Más tarde cayeron también Al Jazeera —la televisión que lideró la cobertura informativa durante las revoluciones de 2011 en todo el mundo árabe—, Middle East Eye, Al Hurra News y otros medios de comunicación nacionales críticos como MadaMasr. Las redes sociales han sido también uno de los objetivos a batir por parte del régimen. Con la lección de 2011 bien aprendida, el Gobierno egipcio ha bloqueado parcialmente el acceso a ciertas redes sociales, principalmente Facebook, pero también Twitter, donde se organizaron las concentraciones.

Para ampliar: “Los cortes de internet, la nueva amenaza a la democracia”, Eduardo Saldaña en El Orden Mundial, 2019

El régimen convocó una contramanifestación a favor del presidente y su Gobierno el viernes 27 de septiembre. La marcha, en la que se repartió comida gratis a los asistentes y que terminó en un macroconcierto, representa un intento del Estado por dividir a la población entre aquellos a favor del régimen a los que califica como “verdaderos egipcios” y aquellos opuestos al mismo considerados “terroristas”. Además, el Gobierno ha aprobado la reducción del precio del litro de gasolina 25 piastras de libra egipcia y ampliar la cobertura de subvención alimentaria, de la que precisa una buena parte de la población, para tratar de paliar las protestas.

Aunque las limitadas protestas no han sido capaces de encender la chispa de una nueva revolución de manera inmediata, sí que han sentado un precedente para posibles movilizaciones en un futuro cercano. Por ahora, el régimen ha sido capaz a través de la fuerza y el miedo de sofocar un levantamiento popular antes de que tuviera la suficiente fuerza como para derribar al poder. Sin embargo, la rápida y exagerada respuesta lanzada por Al Sisi evidencia los temores que existen en el régimen a un nuevo triunfo revolucionario, a la vez que devuelve al pueblo egipcio la legitimidad arrebatada en 2013.

La sociedad egipcia, cansada y frustrada tras el fracaso que supuso la revolución de 2011 y la dura experiencia democrática posterior, parece haber despertado de su letargo gracias a su juventud. Aunque tímidamente y a pesar de la feroz represión policial, los egipcios han vuelto a las calles a pedir una vez más dignidad y justicia. Al Sisi, respaldado por sus aliados del Golfo y Occidente, usa la poderosa maquinaria estatal para dejar claro que no se va a rendir tan fácilmente. Sin embargo, Egipto ha hablado, y podría volver a hacerlo de nuevo pronto: “el pueblo quiere la caída del régimen”.