2020 ha sido una montaña rusa para las relaciones entre la Unión Europea y China. El año empezó con planes de celebrar los 45 años de sus lazos diplomáticos, pero la creciente beligerancia diplomática de China hizo crecer la percepción en Bruselas de que la UE había sido ingenua respecto a Pekín. Esta suspicacia se ha acentuado con la pandemia, que ha endurecido el discurso europeo frente a China. La Unión también se ha mostrado consternada por la vulnerabilidad de sus sectores estratégicos, como el tecnológico y las infraestructuras, ante las inversiones chinas, lo que ha llevado al bloque a reforzar el control a las inversiones extranjeras. La Comisión Europea y algunos países miembros han emitido directrices durante la pandemia para proteger estos sectores clave.
Pero, pese a este enfriamiento de las relaciones, la UE y China terminaron el año firmando un sorpresivo acuerdo de inversión. Las dos partes celebraron videoconferencias hasta el 30 de diciembre, dando el último paso en una negociación de 35 rondas y siete años. Nada apuntaba a que el acuerdo se fuera a concluir tan pronto: la fatiga de la Unión por la falta de reciprocidad en sus relaciones comerciales con China la llevó a afirmar que Pekín tendría que convencerla de que el acuerdo “valía la pena”, y Bruselas se mostró escéptica sobre la posibilidad de conseguirlo en 2020. Además, el esperado aumento de la coordinación con Estados Unidos tras la llegada de Joe Biden a la Presidencia reforzaba la idea de que no habría acuerdo en un futuro cercano.
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento