Cuando en enero de 2015 Salmán bin Abdulaziz ascendió al trono de Arabia Saudí, nombró de manera inmediata a su hijo Mohamed bin Salmán (también conocido por las siglas MBS), ministro de Defensa a sus 29 años. Dos meses después, el 25 de marzo de 2015, el joven ministro saudí decidió intervenir en la guerra de Yemen de forma directa. Junto a Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin, Egipto, Jordania, Marruecos, Sudán y Senegal, lideró una coalición internacional que pretendía frenar el avance de los rebeldes hutíes al considerar que estaban siendo armados y apoyados por Irán para expandir su influencia en la región.
Durante estos años de conflicto en Yemen, el Gobierno saudí y la familia Saud han sufrido grandes cambios en su estructura, incluida la sustitución del heredero al trono en favor de MBS y el nombramiento por primera vez como ministro de Energía de un miembro de la familia real: otro hijo de del rey Salmán, el príncipe Abdulaziz bin Salmán. Estos movimientos, unidos a las purgas a príncipes y ministros del reino, la represión contra activistas y una ofensiva en Yemen que parece no dar resultados, empiezan a cambiar la imperturbable visión en el extranjero de Arabia Saudí como país políticamente estable.
Para ampliar: “Yemen: una historia de violencia”, Antonio Ponce en El Orden Mundial, 2016
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