En el foco Geopolítica Oriente Próximo y Magreb

La guerra de Yemen, ¿el Vietnam de Arabia Saudí?

La guerra de Yemen, ¿el Vietnam de Arabia Saudí?
El príncipe heredero Bin Salman en una reunión en el Kremlin. Fuente: Kremlin

El reciente ataque a la mayor refinería de petróleo del mundo, en Arabia Saudí, se ha convertido en un grave problema para el Estado árabe. La visión de la corona saudí como estandarte de la estabilidad diplomática, control social y garante de la seguridad en su país comienza a desmoronarse. Provengan de donde provengan los drones usados para este ataque, está claro que la incursión militar de los saudíes en la guerra de Yemen empieza a ser una aventura peligrosa para el reino del desierto.

Cuando en enero de 2015 Salmán bin Abdulaziz ascendió al trono de Arabia Saudí, nombró de manera inmediata a su hijo Mohamed bin Salmán (también conocido por las siglas MBS), ministro de Defensa a sus 29 años. Dos meses después, el 25 de marzo de 2015, el joven ministro saudí decidió intervenir en la guerra de Yemen de forma directa. Junto a Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin, Egipto, Jordania, Marruecos, Sudán y Senegal, lideró una coalición internacional que pretendía frenar el avance de los rebeldes hutíes al considerar que estaban siendo armados y apoyados por Irán para expandir su influencia en la región.

Durante estos años de conflicto en Yemen, el Gobierno saudí y la familia Saud han sufrido grandes cambios en su estructura, incluida la sustitución del heredero al trono en favor de MBS y el nombramiento por primera vez como ministro de Energía de un miembro de la familia real: otro hijo de del rey Salmán, el príncipe Abdulaziz bin Salmán. Estos movimientos, unidos a las purgas a príncipes y ministros del reino, la represión contra activistas y una ofensiva en Yemen que parece no dar resultados, empiezan a cambiar la imperturbable visión en el extranjero de Arabia Saudí como país políticamente estable.

Para ampliar: “Yemen: una historia de violencia”, Antonio Ponce en El Orden Mundial, 2016

Crisis de influencia regional y polémicas en la realeza 

Cuatro años después del inicio de la intervención en Yemen, la situación de la guerra no ha cambiado demasiado y el desgaste comienza a afectar al reino del desierto. En el plano diplomático la indiscutible influencia saudita en la región comienza a ponerse en duda, sobre todo con los acercamientos de países del golfo como Emiratos Árabes Unidos o Catar a la República Islámica de Irán. Además, la crisis diplomática vivida con Catar, la financiación a rebeldes sirios o el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en la embajada saudí de Turquía —que se le atribuye a MBS—, sitúan a la diplomacia saudí en un momento delicado. A todo esto, se le suma el reciente anuncio de EAU de que abandonan la coalición en Yemen, ya que ven su intervención en el conflicto yemení junto a los saudíes como un freno a su intención de ganar influencia en Oriente Próximo.

Para ampliar: “Emiratos Árabes, la potencia de la que nadie habla en Oriente Próximo”, David Hernández en El Orden Mundial, 2019

Todas estas situaciones pueden comprometer a la monarquía saudí, y en especial a Mohamed Bin Salmán, que como heredero al trono, ministro de Defensa y dirigente de facto es el principal responsable del país. La falta de libertad de expresión dentro del reino, y la férrea postura de MBS con los príncipes saudíes críticos dificulta conocer la situación interna que vive la Corona. Con todo, la importancia geoestratégica de Arabia Saudí, las cada vez mejores relaciones con potencias como Estado Unidos y su posición mundial como el prmer exportador de petróleo le han permitido sortear estos escollos geopolíticos con cierta facilidad. La guerra en Yemen, pese a generarles más complicaciones que alegrías, no estaba suponiendo un gran cambio en las relaciones de Arabia Saudí con los actores internacionales fuera de Oriente Próximo. Incluso los países que venden armamento a Arabia Saudí han seguido haciéndolo a pesar de que se sabía que estaba siendo usado en Yemen, donde la ONU ha sugerido que los bombardeos saudíes podrían constituir crímenes de guerra.

Sin embargo, en estos últimos dos años las acciones militares dentro del territorio saudí por parte de los hutíes se han intensificado, generando problemas tanto internos como externos. Riad ha culpado de la mayoría de estos ataques directamente a Irán, acusándole de facilitar el armamento que los hutíes usan para atacar aeropuertos, ciudades y oleoductos. Solo en el último año se han vivido ataques como el del aeropuerto de Abha —que dejó 26 heridos—, el ataque a las estaciones de bombeo del oleoducto Este-oeste, o el ataque en Yizán, que según lo hutíes causó decenas de muertos y heridos. No obstante, ha sido el ataque producido el pasado 14 de septiembre contra la mayor refinería de petróleo del mundo, situada en la ciudad saudí de Abqaiq, el que ha puesto contra las cuerdas a Arabia Saudí, cumpliendo con los objetivos hutíes de desestabilizar al Estado saudí.

Para ampliar: “La insurgencia hutí en la guerra de Yemen”, Arsenio Cuenca en El Orden Mundial, 2019

Arabia Saudí, en una posición delicada

Cuatro días después del ataque, en una exposición de los artefactos ante los medios de comunicación, el Gobierno saudí presentó supuestas pruebas de que el ataque que sufrió la refinería no provenía del sur, sino que provenía del norte. Según el portavoz del Ministerio de Defensa saudí Turki al Malki, el ataque está “indudablemente patrocinado por Irán”, y se usaron dieciocho drones y siete misiles de crucero. Por su parte, Irán ha reiterado que no tienen nada que ver con este ataque

Lo que sí se sabe son las consecuencias de este suceso, y no dejan en una buena posición a Arabia Saudí. Lo que hasta ahora habían sido consecuencias aisladas a nivel diplomático se ha convertido en un problema de carácter económico para el reino. Riad ha tenido que recortar de forma drástica su producción, hasta prácticamente la mitad. Y aunque han podido solventar la situación usando parte de los 188 millones de barriles que supuestamente tienen almacenados, el mercado del crudo sufrió una subida de casi el 20% el día siguiente del suceso, una disrupción inédita desde la guerra del Golfo, en los años 90. 

Yacimientos de hidrocarburos y bases militares en el golfo Pérsico.

Esta crisis pone de manifiesto varias cosas. La primera es que, pese a los intentos de Arabia Saudí de proteger su bien más preciado —durante la década del 2000 se dotó de más seguridad militar a las refinerías más importantes—, los saudíes son más vulnerables de lo que pensaban, y que aun siendo el primer importador de armamento mundial, no pueden frenar todos los ataques. El segundo aspecto que queda reflejado es que intervenir de forma indirecta para ganar influencia regional no les genera grandes problemas —véase el caso del apoyo saudí a rebeldes en Siria—, pero intervenir de forma directa sí, y más en un país con el que comparten fronteras como es Yemen. Por último, esta disrupción ha recordado al mundo lo mucho que depende del petróleo saudí: la producción que ha tenido que ser recortada debido a este ataque equivale al 6% del consumo mundial.  

En cuanto a lo que viene tras este ataque, hay una cierta calma tensa con respecto a las sanciones que se puedan aplicar y contra quién. Arabia Saudí, que ha visto que su envidiable situación diplomática y económica peligra con un conflicto armado, ya ha dicho que la responsabilidad de las sanciones le corresponde a la comunidad internacional. Por su parte, Estados Unidos, que es el único país que podría estar dispuesto a entrar en un conflicto contra Irán apoyando a Arabia Saudí, tiene por delante unas elecciones presidenciales en 2020 que harán que Trump no quiera comenzar una guerra en un futuro cercano. La comunidad internacional podría aplicar sanciones, pero lo más probable es que Rusia votara en contra y no tuvieran mayor efecto. Por otro lado, Irán ya tiene sanciones de Estado Unidos y algunos países de la órbita estadounidense —puestas tras la salida de EE. UU. del pacto nuclear—, y su situación no parece que vaya a cambiar mucho.

Mohamed bin Salmán es uno de los grandes perdedores de esta situación. Su empeño en involucrarse en la guerra de Yemen ha generado un problema en la privilegiada situación económica de Arabia Saudí. Los otros perdedores son indudablemente los yemeníes, que ven cómo lo que ocurre en su país únicamente vuelve al foco mediático cuando hay consecuencias económicas para otros países. Mientras tanto, la catástrofe humanitaria que allí se vive continúa en un segundo plano. 

Para ampliar: “Mohamed bin Salmán, el rey del desierto”, David Hernández en El Orden Mundial, 2017