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El Gobierno de Poroshenko
Al comienzo de su mandato en junio de 2014, Petro Poroshenko, oligarca ucraniano apodado el Rey del Chocolate por su éxito como empresario del sector, tomaba las riendas de una Ucrania en estado crítico. La revuelta del Euromaidán acababa de estallar, y el país entero salía a la calle a manifestarse en contra de la corrupción y por un cambio de rumbo. El principal problema al que tenía que hacer frente, la ocupación rusa de dos territorios de interés geoestratégico: la península de Crimea y la región sudeste del Donbás. La invasión rusa que dio paso a una guerra que se ha cobrado más de 10.000 víctimas y 1,7 millones de desplazados ha ido avanzando durante su mandato, enquistándose y llegando a una situación de estancamiento. Este fenómeno se conoce en relaciones internacionales como conflicto congelado: un alto el fuego que no se cumple de un acuerdo de paz con poca voluntad política de ser respetado. A estos dos frentes se les une el conflicto del mar de Azov, un bloqueo ruso del estrecho de Kerch que impide a los ucranianos navegar entre dicho mar y el mar Negro.
Para ampliar: “El mar de Azov, el tercer frente de la guerra de Ucrania”, Blas Moreno en El Orden Mundial, 2018
El otro gran problema que debía afrontar Poroshenko, casi imposible de atajar debido a la naturaleza de Ucrania, era judicializar un Estado corrupto hasta la médula y dar respuesta a las reivindicaciones primigenias del Maidán. No cumplir esta demanda popular, junto con la falta de avance ante los abusos de Rusia, han sido las dos principales razones que le han hecho perder la presidencia. No obstante, no sorprende que Poroshenko, que forma parte de esta élite oligárquica, haya intentado combatir el problema de la corrupción más bien de forma pasiva. Es representativa la anécdota en la que un ciudadano en período de campaña le pregunta: “¿Cuando vas a combatir la corrupción?”, a lo que Poroshenko responde: “Ve a la iglesia [...]. El Señor te aliviará”. Este suceso ret...
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