La utopía de una Corte Penal Internacional

El reciente ataque de John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de Trump, a la Corte Penal Internacional acrecienta las dudas que ya había generado el hecho de que va a ser muy difícil llevar ante la justicia a los responsables del genocidio rohinyá. ¿Sobrevivirá la Corte a estos retos?
Política y eleccionesMundo
La utopía de una Corte Penal Internacional
Firma del Estatuto de Roma. Fuente: ONU

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores.Guardar artículo

Las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial hicieron comprender al mundo la necesidad de perseguir y juzgar a los criminales que desde las más altas esferas del poder idearon, dirigieron, permitieron o colaboraron en la persecución y exterminio de millones de personas. 50 años más tarde, la fórmula de los juicios de Núremberg tuvo que ser copiada para castigar a los responsables los genocidios de Ruanda y Yugoslavia. Es entonces cuando la comunidad internacional entendió que, si las lecciones del Holocausto no habían impedido el baño de sangre de los años 90, el recuerdo de Ruanda o Yugoslavia tampoco impediría otras masacres en el futuro. La realidad pedía establecer un tribunal internacional permanente que juzgara a los responsables de los peores crímenes: genocidio y demás crímenes de guerra y lesa humanidad —limpieza étnica, tortura, violencia sexual, ejecuciones extrajudiciales, persecución religiosa o política, apartheid, etc.—.

Así nacía en 1998 la Corte Penal Internacional (CPI) —comúnmente conocida como Tribunal de La Haya— con un fin un tanto utópico: prevenir atrocidades y llevar a la justicia a los poderosos que las cometan. Para conseguirlo, puede incluso juzgar a jefes de Estado en el cargo; además, estos crímenes no prescriben nunca. La corte es competente para investigar cualquier situación sospechosa que haya tenido lugar en el territorio de un país que haya aceptado su jurisdicción o a manos de un ciudadano de esos países en cualquier lugar. Asimismo, se contempla la posibilidad de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas —el máximo órgano de la legalidad internacional— ordene investigaciones incluso sobre países que no hayan aceptado la jurisdicción.

Sin embargo, la CPI nació herida de muerte: como con cualquier otro tratado internacional, los Estados son libres de formar parte o no del Estatuto de Roma —tratado fundacional de la CPI— y aceptar así la jurisdicción de la corte. Aunque el número de países parte supera los 120, potencias como Estados Unidos, China, Rusia, Israel, Arabia Saudí o India no están entre ellos. Teniendo en cuenta que los tres primeros cuentan con poder de veto en el Consejo de Seguridad —y, por ende, tienen capacidad para bloquear cualquier investigación sobre ellos o sobre alguno de sus aliados—, la CPI no tiene poder para investigar los crímenes que estos países cometan.

Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo

Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca

Mensual

Accede a todos nuestros contenidos y apoya nuestro proyecto. Podrás cancelar tu suscripción en cualquier momento.

6€ /mes

Ahorra un 20%

Anual

Todas las ventajas de EOM durante 12 meses. Además, te ahorrarás un 20% al suscribirte con un solo pago.

60€ /año

Mecenas

Si te apasiona nuestro trabajo y quieres apoyarnos más, conviértete en mecenas de EOM

90€ /año

Continuar

Anual · Cancela en cualquier momento