Una segunda oportunidad para el Gobierno a la portuguesa

El mayor logro del Gobierno socialista portugués reside en haberle dado la vuelta a los indicadores económicos: la economía ha mejorado hasta tal punto que desde Europa se ha reconocido al Ejecutivo nombrando a su ministro de Finanzas presidente del Eurogrupo. Con todo, el Gobierno lleva cuatro años en minoría, sobreviviendo gracias al apoyo de socios minoritarios sin puesto en el Ejecutivo. La pregunta es si tras las próximas elecciones parlamentarias del 6 de octubre se revalidará el acuerdo o si los socialistas conseguirán la mayoría absoluta.
Política y eleccionesEuropa
Una segunda oportunidad para el Gobierno a la portuguesa
Fuente: El Orden Mundial

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

Cuando la crisis golpeó Portugal, hace ya más de una década, el Gobierno lo ocupaba el Partido Socialista (PS), con José Sócrates como primer ministro y mayoría absoluta en la Asamblea de la República. Sin embargo, los estragos del mazazo económico no tardaron en dejarse ver, y tan solo tres años después, en 2011, los ciudadanos portugueses castigaron al partido dando la mayoría a sus principales rivales. El centroderechista Partido Social Demócrata (PSD) —perteneciente al Partido Popular Europeo en el Parlamento Europeo— logró el primer puesto en unas elecciones en que los socialistas se estrellaron como no habían hecho en años. A una distancia de una decena de diputados de la mayoría absoluta, el PSD formó una —a veces difícil— alianza con el también democristiano Centro Democracia Social-Partido Popular (CDS), formación que permitió que el conservador Pedro Passos Coelho ocupara el Gobierno. 

Su legislatura fue especialmente compleja dada la tesitura internacional de la economía. La negociación con la troika —formada por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo— acabó suponiendo firmar un acuerdo de rescate en 2011 que equivaldría a 78.000 millones de dólares a cambio de fuertes políticas de austeridad. El descontento no tardó en extenderse y se sucedieron las movilizaciones por todo el país bajo el lema Geraçao a rasca (‘generación precaria’). Sin embargo, eso no sería suficiente para desalojar a Passos Coelho del poder. 

De hecho, contra todo pronóstico, Passos Coelho volvió a obtener la mayoría en la cámara en 2015 y logró formar Gobierno, pero este fue pronto rechazado mediante una moción de censura que lo convirtió en el Ejecutivo más corto de la historia democrática portuguesa. Esto daría lugar a una alianza inesperada: el Partido Socialista se granjeó el apoyo de los partidos izquierdistas de Bloque de Izquierdas (BE) y el Partido Comunista (PCP) y su candidato, António Costa, fue investido primer ministro —si bien no todos los miembros del PS se mostraron de acuerdo con pactar con estas formaciones, lo que dio a esta alianza el sobrenombre de geringonça, ‘chapuza’ en portugués—. Las tres formaciones lograron un acuerdo por el cual el PS gobierna en solitario y minoría, pero contando con el apoyo parlamentario de las otras dos formaciones a cambio de respetar los pactos programáticos firmados con ellas. Además, las cúpulas de los tres partidos se reúnen regularmente para colaborar en la labor de gobierno.

Para ampliar: “Así funciona un gobierno “a la portuguesa”: en minoría, pero con coordinación entre los socios de investidura”, en Maldita.es, 2019

El nuevo Ejecutivo socialista se topó con un escenario económico lejos de estar en su mejor momento. Tal y como anunciaba la Comisión Europea, Portugal hacía frente a una situación aún bastante compleja: la deuda, tanto pública como privada, permanecía muy elevada, el déficit era preocupante y el desempleo aún estaba muy por encima de los niveles previos a la crisis, llegando al 13,7%. Aun así, los indicadores reflejaban ciertas mejorías desde que alcanzaran sus peores datos a lo largo de 2013. 

Precisamente por los incipientes progresos, las reacciones de las élites y las instituciones europeas no se hicieron esperar. Les preocupaba el hecho de que asumiera el cargo un primer ministro dispuesto a negociar con partidos euroescépticos que se mostraban en contra de mantener los compromisos contraídos con las instituciones europeas adoptados por el Gobierno precedente. Asimismo, las políticas antiausteridad de Costa eran tachadas de cortoplacistas y de no solventar la fragilidad económica portuguesa. Viéndolo en retrospectiva, la Unión Europea no tenía por qué temer, pues el Gobierno socialista tuvo cuidado de no salirse de las líneas marcadas por Bruselas

Avance del desempleo entre 1997 y 2017. Se puede ver cómo el importante descenso empieza a producirse desde 2013.

De acuerdo con lo pactado con sus socios de Gobierno, Costa aumentó los salarios del funcionariado, redujo la carga fiscal, puso fin a la ola de privatizaciones impulsada por Passos Coelho y aumentó el salario mínimo. A nivel macroeconómico, también los indicadores favorecían a la geringonça. Del -4,5% de crecimiento de PIB, que batió récords históricos en 2012, se pasó a superar el 3% en 2017. El desempleo, por su parte, descendió en el mismo año al 8,9%, manteniendo un ritmo decreciente de forma constante a lo largo de los años de Gobierno socialista; hay que remarcar, sin embargo, que la caída comenzó en 2013, momento en que se llegó a superar el 16%, y después comenzó el vertiginoso descenso. Esta es una de las razones —cómo su gestión ha afectado en la vida diaria de la gente— por la que el PS espera obtener unos buenos resultados en las próximas elecciones.

El déficit público también cayó hasta el 0,5% del PIB en 2018, lo que supone una gran mejora respecto del 4,40% de 2015, año en el que asumieron el Gobierno. Los buenos datos han llevado a muchos a llamar a este fenómeno el “milagro portugués”, sobre todo teniendo en cuenta que se ha logrado sin que, bajo el mandato socialista, se implementaran nuevos planes de ajuste; aunque también hay quien argumenta que la ausencia de más planes de ajuste obedece más bien a los intereses alemanes y a su cambio de opinión respecto a la austeridad. No obstante, su deuda pública sigue manteniéndose elevada, con un 120% del PIB, uno de los mayores de la Unión Europea. Es por eso que se ha señalado la vulnerabilidad de Portugal ante posibles crisis que pudieran golpear la estabilidad de la zona euro, considerándolo uno de los países en los que un shock podría causar más estragos

Para ampliar: “Portugal, el referente de izquierdas en Europa”, David Hernández en El Orden Mundial, 2017

Aun así, la política fiscal del gabinete de Costa le ha valido que su ministro de Finanzas, Mário Centeno, se convirtiera en diciembre de 2017 en presidente del Eurogrupo. Esto reconoce de manera explícita cómo la falta de confianza en la geringonça se ha ido evaporando e incluso se han reconocido sus méritos. A cambio del agrado que ha generado en Europa, Centeno ha sacrificado la inversión en sectores públicos —desde la educación hasta la sanidad, pasando por las redes ferroviarias—, lo que generado críticas de sus aliados de gobierno. 

Sin embargo, el viraje ideológico del PS y la cercanía de las urnas ha vuelto a convertir a los tres partidos de izquierdas en enemigos electorales. Costa se perfila en esta campaña electoral como un candidato preocupado por la estabilidad económica del país —en lugar de pregonar medidas antiausteridad contrarias a Bruselas, como hiciera en 2015—, lo que puede mermar las posibilidades de los socialistas de renovar su pacto con sus hasta ahora socios. Es por ello que, a pesar de que las encuestas dan como claro favorito al Partido Socialista, la incertidumbre sobre quién gobernará sigue presente.

Por suerte para los socialistas, sus rivales tradicionales del Partido Social Demócrata (PSD) no lograrían ganar la popularidad perdida y no suponen una amenaza seria a su permanencia en el poder. Los sondeos actuales dan un 39% de votos para el PS, lo que, sumado a sus actuales socios —el Bloque de Izquierdas (BE) y el Partido Comunista (PCP), con un 9% y un 7%, respectivamente— darían la mayoría absoluta a la coalición de izquierdas. 

Si bien el actual primer ministro se ha mostrado receptivo a repetir el acuerdo que le aupó a su posición actual, ni su partido ni sus aliados han dejado de atacarse mutuamente. En las últimas semanas de campaña los dos partidos socios del PS han atacado fervientemente la gestión de Costa, acusándole de oscilar hacia la derecha. Además, ante el posible buen resultado del BE, el dirigente socialista no ha dudado en criticar a la formación duramente

El bloque conservador, por su parte, solo lograría un 30% de diputados en total, con una caída mantenida del Partido Social Demócrata —que en 2015 llegó a ganar las elecciones— y unos aliados tradicionales, el Centro Democracia Social-Partido Popular (CDS-PP), que tampoco les salvarán de la caída. 

La probable segunda legislatura de Antonio Costa, si se cumplen los pronósticos, vendrá de la mano de la repetición de la geringonça. Si, como se prevé, la economía se ralentiza y la sostenibilidad de la deuda se pone en riesgo, la situación política lusa podría volverse mucho más convulsa, corriendo el riesgo de repetir el bloqueo institucional que se está dando en la vecina España. 

A pesar de haber sufrido la crisis económica directamente, la rápida recuperación de Portugal ha permitido que el PIB del país no haya retrocedido tan ostensiblemente como en otros países del sur europeo, como Grecia, Italia o España.

Además de la repercusión en la deuda pública, otros sectores que podrían verse gravemente afectados serían el turismo y la construcción, esferas a las que la economía portuguesa debe su despegue. La caída de Thomas Cook podría ser un adelanto de los problemas que el país hará frente si se desploman estos sectores. Las repercusiones ya se están haciendo notar en el Algarve o Madeira

En definitiva, parece claro que Portugal se ve abocado, una vez más, a una legislatura de izquierdas. La incógnita es si los socialistas conseguirán la mayoría absoluta para gobernar en solitario o si, por el contrario, tendrán que repetir los pactos con los otros dos partidos de izquierdas. Solo las urnas dirán qué depara al panorama político luso.

Para ampliar: “¿Se avecina una nueva crisis económica?”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2019

Carmen Martín

Madrid, 1998. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales y Experto en Desarrollo por la UCM. Interesada en Oriente Próximo, la historia del arte, la incidencia de la opinión pública en la política o los procesos urbanos. Lo importante es estar siempre aprendiendo.