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La comisaria europea de Energía, Kadri Simson, no pudo decirlo más claro: “La Unión Europea puede y debe librarse del gas de Rusia lo antes posible”. La invasión rusa de Ucrania iba por sus primeras semanas. El régimen de Vladímir Putin no dudó en chantajear al bloque con el poder de sus hidrocarburos y en especial del gas, mientras sus ataques en el frente fueron dañando las infraestructuras energéticas ucranianas. Aun así, el gas ruso seguía fluyendo por los gasoductos de Ucrania rumbo a Europa.
Siete meses de invasión después, eran 42 millones de metros cúbicos diarios. Un balón de oxígeno para la sancionada economía rusa. La tendencia seguía en enero con 35 millones de metros cúbicos al día. El Gobierno de Volodímir Zelenski ha mantenido el flujo por motivos económicos y para cumplir sus contratos internacionales. A la larga, también quiere aprovechar las capacidades del país para almacenar la energía europea. Sin embargo, esta intención podría enfrentar aún más a los Veintisiete contra Rusia.
Flujo de gas, flujo de dinero
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