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Las aguas del este de Asia están infestadas de contrabandistas. Expertas en burlar los controles nacionales e internacionales que regulan el comercio marítimo, las redes de traficantes mueven todo tipo de mercancías de un puerto a otro ya sea a espaldas de las autoridades o comprando su complicidad con sobornos. Uno de los productos más demandados en este mercado negro es el petróleo, un recurso que China y Corea del Norte necesitan y que los contrabandistas consiguen a buen precio en Taiwán.
Sin pretenderlo, esta democracia insular ha suministrado petróleo durante décadas a ambos países, dos de sus principales adversarios. Los contrabandistas aprovechan que Taiwán lo vende a un precio más bajo para ellos revenderlo, en algunos casos operando en aguas chinas. Y mediante esta estratagema, Pionyang aprovecha para saltarse los límites que la ONU impuso en 2017 a sus importaciones de crudo por la sospecha de que lo destina a su programa de armamento nuclear.
La estrategia taiwanesa: subsidiar petróleo para poder competir
Taiwán representa una de las zonas geopolíticas más calientes del planeta. Las incursiones de cazas chinos en su espacio aéreo le recuerdan a menudo que vive bajo la amenaza de una invasión de quien reclama su territorio como propio. Apenas 180 kilómetros separan las costas de los dos países, lo que también los convierte en competidores por el tráfico de buques mercantes que a diario navegan el estrecho de Taiwán.
El mapa del conflicto entre China y Taiwán
Para atraer estos buques a sus costas, Taipei ha recortado los impuestos al combustible de los navíos extranjeros que lo compran en sus puertos. Eso los hace más atractivos para repostar que los puertos chinos, donde es más caro. Además, Taiwán subsidia el combustible de sus barcos pesqueros desde 1958, lo que permite a esa misma industria ser más competitiva.
Esta estrategia ha permitido impulsar al país como exportador de marisco en Asia, y que Kaohsiung, en e...
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