España mira a China. En un contexto internacional en el que Pedro Sánchez se ha erigido como la voz europea más crítica con Donald Trump, la relación con China atraviesa, en contraste, su mejor momento: el comercio bilateral entre ambos países se encuentra en máximos históricos, y la visita del presidente español es el cuarto viaje que realiza al gigante asiático en apenas cuatro años.
La vista, iniciada este fin de semana, debería haber tenido lugar precisamente después de la del mandatario estadounidense, prevista para finales de marzo, pero que finalmente se pospuso en vista de la escalada del conflicto en Irán.
La guerra comercial iniciada por el magnate neoyorquino tras su vuelta a la Casa Blanca ha provocado un seísmo en las relaciones históricas de Estados Unidos con la Unión Europea, que ahora busca nuevas alianzas. Para España, las relaciones con China no son nuevas: en 2007, los intercambios comerciales con el gigante asiático ya superaron a los de Estados Unidos, y hoy ya es un socio más importante que Portugal o Reino Unido.
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