
2021 ha sido un año agridulce para Rusia. Se han cumplido sus peores pronósticos sobre la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, los problemas de producción y suministro de la vacuna Sputnik V han dañado su reputación y la puesta en operación del Nord Stream 2 se ha retrasado a 2022 por cuestiones técnicas.
Ahora, todo apunta a que 2022 llegará con el pulso entre la OTAN y Rusia en su punto álgido, tras la acusación de que Moscú tiene un plan para invadir Ucrania a principios de año. Rusia aún está utilizando la amenaza militar para obtener reconocimiento político en lo que considera líneas rojas, así como un compromiso de no expansión de la OTAN al este. Esto no significa que no haya riesgo de escalada, pero la guerra no es el escenario más probable. Si Rusia invade Ucrania, la comunidad internacional no lo sabría con tanta antelación.
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