Riqueza sin mujeres en Japón

Abe Shinzō, primer ministro de Japón desde 2012, ha llevado por bandera el lema “Una sociedad en la que las mujeres brillen” con la voluntad de disminuir la desigualdad entre mujeres y hombres en el país, pero, después de casi seis años llevando a cabo reformas discretas, los avances son poco destacables.
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Riqueza sin mujeres en Japón
Fuente: Hans Johnson

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Japón sigue siendo uno de los países con una mayor brecha de género. Cuando el Foro Económico Mundial definió en 2006 este nuevo índice —desigualdad entre hombres y mujeres en la participación en la vida política, el acceso a la enseñanza, la esperanza de vida y las oportunidades de participar en las actividades económicas y en el mundo laboral cualificado—, el país asiático ocupaba el puesto 80, mientras que en 2017 ocupó la posición 114, cerca de Camboya, Nepal o Nigeria. Japón no ha sabido seguir el ritmo mundial hacia la igualdad a pesar de ser el tercer país con mayor riqueza económica del mundo, miembro del G7 y el G20 y un referente en innovación y desarrollo.
Si bien es cierto que en Japón —como en la mayoría de los países del mundo— las mujeres tienen una mayor esperanza de vida, más allá de la salud las cosas son poco equitativas. En la esfera política, Japón tiene unos porcentajes de participación femenina iguales a los de la República Centroafricana —9%, con menos de 50 representantes mujeres entre los 465 miembros de la cámara baja— debido a las grandes dificultades para reunir los fondos necesarios para la campaña y disponer de tiempo y apoyo familiar en una sociedad que asume que la mujer debe responsabilizarse de las tareas domésticas y de cuidados. Los cambios se producen poco a poco: en 2016 Yuriko Koike —reivindicadora de cambios en las políticas igualitarias y del nacionalismo más tradicional— se proclamó alcaldesa de Tokio frente a los otros 20 candidatos. También en el mundo de la formación hay discriminación. Este mes se hacía público que una escuela de Medicina había recortado las calificaciones de las mujeres durante más de una década para facilitar la entrada a los hombres, porque consideraban que existía un alto riesgo de que las mujeres abandonaran su trabajo, especialmente después de tener el primer hijo. Aunque la probabilidad de abandonar el trabajo es alta, esto se debe a las diferencias que hay en las oportunidades de participar en l...

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Gemma Roquet

Barcelona, 1992. Graduada en Ciencias Políticas por la UB y Máster en Relaciones internacionales, Seguridad y Desarrollo por la UAB. Interesada en conflictos internacionales, principalmente en la región de Asia.