Elizabeth Holmes parecía destinada a cambiar el mundo hace siete años. La empresa biomédica que fundó a los diecinueve, Theranos, había sido valorada en 9.000 millones de dólares. La joven empresaria estadounidense, a quien muchos proclamaron la nueva Steve Jobs, prometía desarrollar una nueva tecnología capaz de diagnosticar cientos de enfermedades con análisis de sangre rápidos, acercando así la atención médica a los hogares de todo el mundo.
Lo que los inversores de Theranos ignoraban es que la tecnología de Theranos nunca había funcionado, y al encubrir su mentira, ponía en peligro la salud de miles de personas. Hoy Holmes se enfrenta a veinte años de cárcel, acusada de una de las mayores estafas de la historia de Silicon Valley. Su juicio, sin embargo, también es contra el principio fake it till you make it (‘finge hasta que lo consigas’) que defendieron famosos empresarios como Bill Gates o Larry Ellison en su camino a la cima. Así, la caída de Holmes también ha servido para cuestionar todo el sistema de valores que ha protegido durante años a los favoritos de Silicon Valley.
La conquista del valle
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